Su recompensa llegó tres años después. Nombrado mediador de la ONU para Palestina el 20 de mayo de 1948, Bernadotte logró una tregua y elaboró un plan de paz que proponía ajustes territoriales y el reconocimiento del derecho de retorno de los refugiados palestinos. Por ello fue ejecutado a tiros el 17 de septiembre de 1948 en Jerusalén. Los asesinos: tres miembros del grupo paramilitar sionista Lehi, la banda Stern. Uno de sus líderes, Yitzhak Shamir, años después sería primer ministro de Israel.
El hombre que salvó a miles de judíos de la cámara de gas fue abatido por judíos porque su plan de paz no era suficientemente favorable para el proyecto sionista. No fue un crimen casual, fue una ejecución política, calculada, fría. La comunidad internacional lo condenó como terrorismo. La historia, sin embargo, ha preferido enterrar este episodio bajo el relato oficial del nacimiento de un Estado. Pero los hechos son tozudos: Bernadotte salvó judíos de los nazis y murió a manos de judíos sionistas. Esa es la verdad incómoda que ningún manual de texto se atreve a contar.