Ha costado, valga la redundancia, "dios y ayuda" que este democrático periódico que es el Diario Córdoba publique el comentario que envié a las diez y media de la mañana.
Escamado por la certeza de que todos los mensajes "se revisan" antes de ser publicados para evitar, según la Dirección, insultos, cuatro horas después envié otro mensaje instando a la publicación del anterior en nombre de la libertad de expresión y alguna gaita más.
Supongo que al ser varios los remitentes que ya tenían mensajes "en cola de impresión", se han visto relativamente forzados a publicarlos. La prueba evidente de que quitan y ponen a su antojo es que mi mensaje de queja no ha salido a la luz.
Si eliminando la censura previa la Dirección del diario no se hace responsable de lo vertido por los lectores, la única explicación lógica es que el Diario Córdoba tiene la directiva de ejercer la censura previa a la opinión de sus lectores.
La Natividad está a punto de ocurrir de nuevo. Mientras, las gafas progresivas me han jugado una mala pasada mientras leía la letra del rap de marras. Se me han bailado las letras. Se ha relacionado una cosa con otra sin apenas intervención por mi parte -espero que no sea revelación inspirada por el espíritu santo- Y ha quedado una divina adaptación sobre lo que le ocurrió, según la leyenda cristiana, al personaje llamado San José. Coronó bombo, sin rollo, al parecer.
La judía es una religión esparcida -esturreada- a lo largo y ancho del planeta. Sus practicantes conforman además una etnia dispersada a patadas quién sabe desde cuando. Si algo me satisface muy mucho de los judíos, es que rara vez hablan de sus creencias religiosas a no ser que se les pregunte. También es de agradecer que se abstengan de salir a la calle en babeante avalancha para hacernos partícipes de actos multitudinarios que a los enfervorecidos creyentes les podrán resultar de un sagrado que acojona, pero que al resto de los mortales pinta como simples actos circenses, de resultados tan sucios y podridos -tanto a nivel humano como bio-excrementario- como puede ser un partido de fútbol o cualquier otro espectáculo de subhumanos hiperventilados.
También me descubro ante los judíos por poseer la sensibilidad de no llamar a mi puerta con la intención de obligarme, por las buenas o por las malas, a convertirme al judaísmo y reconocer que Yavéh supera con creces la bondad y omnipotencia de cualquier otro dios o transbordador espacial. Darse de cabezazos contra un muro constituye una sana cura de humildad que bien harían en imitar otras confesiones.
El hecho quedar a tal hora en Palestina, formar un estado por su cuenta y riesgo y joder vivos a todos cuantos allí habitan, maldita la gracia que ha tenido. Pero desde la perspectiva concreta de esta entrada, se trata de un detallazo por su parte que, mucho mejor gestionado, podríase haber equiparado a cualquier otra maravilla del mundo. Los judíos celebran sus festividades religiosas en la intimidad, se regocijan enre sí sin necesidad de espectadores; la experiencia de siglos les han enseñado a convivir con múltiples tradiciones y formas de vida, teniendo en cuenta además que su simple condición semítica nunca ha sido bien vista.
Comparado con, por ejemplo, los cristianos, pueden presumir de haber sido una religión realmente perseguida. Dos docenas de adeptos como menú del día de unos cuantos leones debe parecerles una bagatela. Eso es modestia.
Si es usted vecino de un judío, probablemente nunca llegue a descubrirlo. Si lo es de un católico, un testigo de jehová, un budista o un musulmán, lo sabrá antes de haber despachado al camión de la mudanza.
Siendo el musulmán algo más moderado -en Europa, donde el catolicismo institucional y el ateísmo callejero surten un acusado efecto "kriptonita"- , el exhibicionismo de gabardina del católico se despacha a sus anchas.
No se entiende de este movimiento socio-político -lo de "religioso" es sólo para despistar- es su falta de imaginación, o su exceso de mala leche. Los judíos crearon su propio Estado -con los apuntes y gravámenes antes mencionados-. Los católicos también, pero sin el menor sentido de las magnitudes. En el Estado Vaticano casi no caben católicos. De hecho, los pocos que lo habitan tiene toda la pinta de no profesar el cristianismo. O sea, que han construido una simple quinta, un villa olímpica para los cuatro mandamases. Es como si la Casa Blanca estuviese en Punta Umbría. Hombres de dios... está la Tundra, Siberia, La Patagonia, todos terrenos inabarcables, no urbanizables, ricos en minerales, fosfatos, petróleo, flora y fauna, pero que a poco que se empeñen pueden recalificar y convertir en un estupendo Estado. Y no me vale la excusa de que por allí no pasa ni Cristo.
Imagínense, católicos... todos ustedes, juntos... podrían abolir el aborto por mayoría absolutísima... aprobar el electroshock para los homosexuales, el Partido Popular, por fín, ganaría las elecciones poniéndose a su nombre todos los escaños que les apeteciera... Zapatero sería el presidente de un gobierno extranjero y hostil... los enfermos terminales rabiarían sin límite hasta el último suspiro, a mayor gloria e imitación de la pasión de Nuestro Señor... la industria de los crucifijos haría furor, los ateos de Europa compraríamos las infinitas variedades que de ellos pueden manufacturarse, para coleccionarlos como objetos exóticos (por fín podría deshacerme de las máscaras africanas)... la moneda legal en curso con la efigie de la Madre Teresa y la reproducción de la firma de Monseñor Escrivá como Interventor del Banco de... bueno, de Cristolandia, por ejemplo...
Piénsenlo. La práctica totalidad de los promotores de viviendas se adherirían al nuevo proyecto, los abañiles y personal de oficios se convertirían al catolicismo para obtener un puesto de trabajo -que un converso voluntario queda como soso, sin mérito- en la construcción de las decenas de nuevas ciudades que serían necesarias para albergar al 80% de la población mundial, un templo por cada 20 habitantes, miles de sedes de cofradías y hermandades, media docena de espaciopuertos para los jinetes del apocalípsis, centros de juventudes cristianas donde rajar a pierna suelta de la Educación para la Ciudadanía, viviendas cuyos portales lo serían de belén, con su niño, su burrito y su buey al fondo, en el hueco de la escalera... amplias avenidas balconadas para la semana santa... podrían mantener el alumbrado navideño durante todo el año -como alumbrado público-, podrían incluso llevarse a Don Juan Carlos y toda su troupe, y llamarle Melchor -es comprensible que de Gaspar y Baltasar no quieran ni agua- y la monarquía ya no tendría por qué ser parlamentaria... la prostitución sería prohibída como primera medida de promoción, de forma que, por 25 euros, podrían follar a media tarde estando a la hora de la cena confesados, perdonados por el Altísimo y tomando la sopa con su esposa e hijos, viendo todos juntos Popular Televisión, en sagrada comunión multimedia.
Fíjense sino en los musulmanes, han conseguido una organización del Estado que sería la envidia de cualquier Conferencia Episcopal que se precie. El gobierno sigue escrupulosamente los criterios de los ministros religiosos, dictados directamente por el mismísimo Mahoma, que es el profeta competente para esa confesión. ¿Se han parado a pensar, católicos, que Cristo no sólo es profeta, sino que consigue eludir la incompatibilidad de cargos y asume losl de Presidente y Vicepresidente del Cristianismo de una sentada? Es que no hay color, digan lo que digan.
Al vivo ejemplo de los norteamericanos con los castillos irlandeses, sería de agradecer incluyesen las catedrales en el ajuar, que partidas presupuestarias ya se habilitarían con gusto. En el caso de Córdoba, ni preocuparse por el agujero resultante del desalojo en la nave central, que plásticos de cobertura no faltarán, entretanto los musulmanes se deciden a hacer lo propio con su parte de inmueble.
Claro que, sin ateos, ser católico ya no tiene aliciente. El católico es muy de apostolar. Es decir, programar incursiones, a lo misionero de barrio, en busca de infieles a los que derribar moralmente a base de enseñanzas nuevotestamentarias. En eso son como los comisionistas. Pareciése que les pagan contando las almas que traen al cinto, como las cabelleras en los sioux. Bien mirado y aprovechando la comparación, es otra forma de hacer el indio.
Pero de vuelta al positivismo resolutivo que me enardece hoy, sólo en una situación de autonomía geo-política-distante sería viable la legítima aspiración del mundo católico de fusionar Iglesia y Estado, despreocupados del yugo laicista que pende a diario sobre cualquier manifestación ético-religiosa vertida al éter, y que tan hasta los cojones nos tiene a ambas partes. Se trata de convivir en paz, y el único remedio empíricamente efectivo a tal fin pasa por miles de kilómetros de tierra, mar y aire, de por medio.
Es cuestión de imaginación. Todo un abanico de posibilidades que haría de este mundo un feliz y mucho más equilibrado.... tablero de Risk. Con los colores chillones y bien marcados.
Casi todos nos vamos de este mundo de puntillas. Nuestra biografía anónima apenas sobrevive dos generaciones antes de diluirse definitivamente en la amnesia del desinterés de quienes vienen detrás por conocer de quién provienen. En la película "Enemigo Mío", la tradición de la raza de uno de los protagonistas, prescribía que todo individuo tenía como primera obligación vital el conocimiento y transmisión oral de su genealogía a sus descendientes, de forma que cada individuo no era sino el representante vivo de la memoria de todos aquellos que le antecedieron. Eran una especie de iguanas evolucionadas.
No son pocas las culturas humanas que rinden culto a sus antepasados. Aún así, si algo perdura en la memoria hereditaria de los parias, son los contados hechos loables -y deformados por el tiempo- del tatarabuelo, en el mejor de los casos. Pero quién fue, porqué, sus errores y, en definitiva, su humanidad -único testimonio de su existencia- se habrán evaporado para siempre a los pocos años de su desaparición. En realidad, es como si nunca hubiesen nacido.
Es lo ocurrido a muchos hombres y mujeres que dedicaron su vida a construir la dignidad y honestidad de otros seres humanos, empeñados en imbuir en sus mentes el discernimiento y la dimensión real del mundo que les rodeaba.
Fueron, y son, muchos. Pero hoy, de entre todos, me viene un nombre, reverdecido mientras repasaba viejos papeles, notas y apuntes de una época en la que aún estaba de vuelta de todo, recuerdos de una vida que ya parecía vivida, la sabiduría conque nos embadurna la inexperiencia.
El Goliath de cabeza de huevo, ojos saltones y parlanchines, de gruesos labios infalibles traductores simultáneos para sordomudos. Amante de todo lo amable, destructor crítico, impredecible y certero como un rayo, estrujador de conciencias, hazmerreir de los lerdos, espectador exigente, manirroto de las verdades con minúsculas.
Quien sólo le recuerde como un extravagante impartidor de clases de francés y filosofía, quizá tenga razón.
Pero Otto Wagner dibujó y abrió en muchos adolescentes, para bien o para mal, puertas sobre paredes que parecía lisas, en una época donde disentir, elevarse y desentrañar la relación entre las cosas, salirse del rebaño, ya empezaba a ser el primer paso hacia el ostracismo.
Ojalá otros que te conocieron más y mejor escriban y abunden, algún día, sobre quién fuiste, antes de que sean sus propias memorias las que se esfumen. Como un ínfimo y tardío homenaje, hoy leeré una página de Zubiri.
Entramos en la política participativa como quien penetra un denso banco de niebla, a tres décadas ya de distancia. El humo de la demagogia, la sombra amenazante del nosferatu pasado, los codos con codos frente a las primeras pancartas bajo un sol recién estrenado, las primeras elecciones, siempre al son acuciante del sí o no sin paliativos, sin vuelta atrás, sin opción a leer la letra pequeña. Que si Alemania lo tiene, es porque es bueno. Y no digamos de Francia. Aunque Italia siempre me siembra la duda.
Así, nos hemos venido desenvolviendo ante el “vuelva usted mañana” de los distintos gobiernos que nos han desgobernado a conciencia. Pero, eso sí, con un tacto exquisito, un respeto intachable. Apenas una tenue neblina queda de la opacidad de los 80. Ya podemos –si queremos- prever lo que viene, evitar los obstáculos y optar por los atajos más solventes, ahora que cada cual está en el lugar que le corresponde y hemos aprendido los términos del argot político al uso.
Un Título tan Octavo como Enrique, regio, recio, rancio, origen de la orgía forzosa que nos pone a cuatro patas unos contra otros para darnos contra natura sin poder decir ésta minga es mía. Porque a saber de quién es ésta, y ésta, y ésta otra, que ya ni lágrimas me quedan. Que de rechinar los dientes masticamos polvo de marfil.
Cuánto me acuerdo de ti, ahora el más viejo de mis amigos, tan viejo que sólo tus certeros augurios quedan ya en este mundo. Qué no se perdió al morir el sextante infalible de tu memoria, marcando la dirección correcta que, entonces, tanto me costó creer. Cómo querría hablar de ti sin delatarme, siendo como has sido uno de los pocos gladiadores socialistas que han pisado este circo.
Qué organización. De qué territorio. De qué Estado. De qué tótem estamos hablando. Por mandato de uso, el dedo índice se está alargando más que el corazón. Qué mísera diferencia nos distingue ahora del enfermo físico y mental que nos tuvo en cuarentena. ¿La ridícula e insultante pecera donde evacuamos periódicamente nuestra responsabilidad como ciudadanos, como seres humanos? No es suficiente. En realidad, es insignificante.
El Sistema criba a los mejores y los deja en la cuneta, mientras los octopus indeseables escalan hacia la cima. Las listas electorales lo son de individuos e individuas en muchos casos de aptitudes deleznables, de demostrada incompetencia, de nula capacidad de servicio público, de evidentes prácticas de autoabastecimiento cortijero. Son las listas de los listos que, a través de la intriga en cada uno de sus partidos, logran meter sus nombres en el bombo de la lotería política, a la espera del gordo o la pedrea que, de una u otra forma, les asegure sueldo y prebendas por cuatro años. Y se cuentan por miles de estos pequeños vampiros. El Sistema culmina su eucaristía democrática concejalizando a estas remorillas y distribuyéndolas por los miles de municipios del Estado en forma de tenientes del alcalde de tal y cual.
En mi pueblo, cuando alguien se hace el sordo suele decirse que está “teniente”. Igual la cosa viene de ahí.
Así, el Municipio “consagrado” se ha convertido, vía desarrollo legislativo del Título VIII de nuestra prostituida Constitución, en un enjambre de reinos de taifas donde las remorillas imparten pan y justicia en condiciones de auténtico descontrol, una vez conseguidas las cuotas de autonomía que “iban” a hacer de los ayuntamientos el auténtico órgano participativo de la ciudadanía, en primera persona. Y una mierda.
A estas alturas, cualquiera que, con conocimiento de causa, defienda que la descentralización y concesión de autonomía a las administraciones locales “agiliza” y torna más efectiva la prestación de servicios a los ciudadanos, o miente como un bellaco, o se está llevando a la boca un cucharón así de grande, a rebosar de pastel.
Como es usual decir hoy en día, “Marbella somos todos”. Y lo somos porque mientras que un ayuntamiento tenga poder legal para recalificar un suelo, el peligro es inminente. El suelo que pisamos es algo muy serio, es una fuente inagotable de riqueza y de pobreza, sobre él están construidas las casas que habitamos y albergan los servicios que nos son imprescindibles. Contienen llanuras, montañas, ríos, simas y bosques. Los ayuntamientos han aprendido mucho y rápido, la ley les ampara, y han encontrado mil y un caminos y vericuetos para quitar y poner a su antojo, para elegir impunemente qué normativa interesa cumplir a rajatabla y cual consideramos de “observancia optativa”.
La información púbica suele pasarse por ahí, por el mismísimo pubis de los mandantes, que te informan que para los descontentos y obsesos de la justicia están los abogados y procuradores. Así que ahí llevas, ésto es lo que hay y tienes dos meses “recurrir”. ¿Recurrir a qué? ¿a las armas? ¿a quemarme a lo bonzo de pura desesperación?
El resultado puede ilustrarse con miles de ejemplos. No puede considerarse que el Sistema funcione por el simple hecho de que algunas docenas de concejales y alcaldes hayan sido destituidos y encarcelados por delitos urbanísticos. La realidad es que este hecho es la punta de un inimaginable iceberg, el mismo que nos ha catalogado ante Europa como “caso aparte” en la crisis económica generalizada. La nuestra denota un valor añadido, Spain is different, una vez más.
Quién necesita activos tóxicos teniendo el mundo a un tiro de decreto de alcalde electo, en un país de fábula donde al Estado le han dejado la competencia exclusiva sobre el diseño de los uniformes de las fuerzas de seguridad. Y gracias.