En Occidente, la experiencia y el saber adquiridos a lo largo de la existencia muere con cada individuo. Esta civilización sólo transmite a las nuevas generaciones tecnología, deudas y vendettas.
lunes, 27 de julio de 2009
martes, 7 de julio de 2009
Censureitor
Por esta vez, voy a ejercer de abogado de pobres o, mejor dicho, de censurados, para hacer público un comentario razonable que ha sido descartado por el consabido método de la censura previa. Lo he capturado a tiempo, y creo que es justo que vea la luz pública:
"Anónimo ha dejado un nuevo comentario en la entrada "EL "ORGULLO" QUE PAGAMOS TODOS":
Jose Gil es la vida, ahora os toca a vosotros ser los habitantes de la caverna, además que os lo ganáis a pulso día a día. Aún estoy por ver a un homosexual proclamar con esa enfermiza convicción como lo haces tu que los católicos tienen una disfunción.
El único temor que subyace a todas vuestras inanes salidas de tono es que nunca en la historia, la razón y el pensamiento humanista ha destruido el castillo de falsedades y privilegios que es vuestra secta como ahora.
PD: Por cierto, esas falaces tendencias de la psiquiatría a las que te agarras como un clavo ardiendo, ya quedan en evidencia en segundo de carrera.
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Publicado por Anónimo para DE LO HUMANO Y LO DIVINO a las 6 de julio de 2009 23:57 "
El Sacerdote bloguero ha resuelto la cuestión de la siguiente forma:
"José Gil Llorca ha dejado un nuevo comentario en la entrada "EL "ORGULLO" QUE PAGAMOS TODOS":
Anónimo:
He suprimido tu "comentario", por llamarlo de alguna manera, por la sencilla razón de que no da la talla, es decir, no llega al mínimo de cordura que pienso deben tener los comentarios de este blog.
Si se te esfuerzas un poco estoy seguro de que en la próxima ocasión podrás escribir algo con sentido y seguro que te lo publico. Ánimo. Tú puedes.
JOSÉ GIL LLORCA
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Publicado por José Gil Llorca para DE LO HUMANO Y LO DIVINO a las 7 de julio de 2009 0:10"
Lo siento Pater, pero siempre he odiado la censura. Otro asunto en el que no coincidimos.
Por cierto, me largo de vacaciones.
"Anónimo ha dejado un nuevo comentario en la entrada "EL "ORGULLO" QUE PAGAMOS TODOS":
Jose Gil es la vida, ahora os toca a vosotros ser los habitantes de la caverna, además que os lo ganáis a pulso día a día. Aún estoy por ver a un homosexual proclamar con esa enfermiza convicción como lo haces tu que los católicos tienen una disfunción.
El único temor que subyace a todas vuestras inanes salidas de tono es que nunca en la historia, la razón y el pensamiento humanista ha destruido el castillo de falsedades y privilegios que es vuestra secta como ahora.
PD: Por cierto, esas falaces tendencias de la psiquiatría a las que te agarras como un clavo ardiendo, ya quedan en evidencia en segundo de carrera.
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Publicado por Anónimo para DE LO HUMANO Y LO DIVINO a las 6 de julio de 2009 23:57 "
El Sacerdote bloguero ha resuelto la cuestión de la siguiente forma:
"José Gil Llorca ha dejado un nuevo comentario en la entrada "EL "ORGULLO" QUE PAGAMOS TODOS":
Anónimo:
He suprimido tu "comentario", por llamarlo de alguna manera, por la sencilla razón de que no da la talla, es decir, no llega al mínimo de cordura que pienso deben tener los comentarios de este blog.
Si se te esfuerzas un poco estoy seguro de que en la próxima ocasión podrás escribir algo con sentido y seguro que te lo publico. Ánimo. Tú puedes.
JOSÉ GIL LLORCA
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Publicado por José Gil Llorca para DE LO HUMANO Y LO DIVINO a las 7 de julio de 2009 0:10"
Lo siento Pater, pero siempre he odiado la censura. Otro asunto en el que no coincidimos.
Por cierto, me largo de vacaciones.
jueves, 2 de julio de 2009
¿Quién lava más blanco?
Habrá quien opine que la tengo tomada con la Iglesia Católica, que se ha convertido en una obsesión que no me permite ocuparme de otros menesteres. Pues se equivoca. Lo que ocurre es que todos los caminos, más pronto que tarde, acaban llegando a Roma. Así que, a mí que me registren, las reclamaciones a la Dirección General de Carreteras del Estado.
El caso es que estaba recabando información en la Encarta sobre las técnicas de lavado de cerebro de masas para un artículo que tenía en mientes, cuando sonó el teléfono. Acostumbro a leer los titulares del correo electrónico y las múltiples suscripciones en tanto hablo, de forma que mientras el consciente atiende al interlocutor, el subconsciente efectúa un barrido de los signos que pueblan la pantalla del ordenador. Y no tengo ni idea de lo que hace con los datos que obtiene, si es que obtiene alguno.
Pinché una suscripción al azar, se abrió un texto, y el susodicho hizo automáticamente lo propio, sin comunicarme resultado alguno. Acabada la conversación, seguí leyendo sobre sugestión, conductas influenciables, programación mental de masas, métodos de control social, propagandismo de Estado, etc. En el artículo que preparaba, pretendía sacudirle fuerte a Zapatero y su peculiar dialéctica plagada de trampas y trucos de prestidigitador, donde el cambio de tercio imprevisto, la destreza con el lenguaje y la inserción de palabras-clave son una de sus mejores bazas.
En ello estaba, cuando al cambiar de pantalla para comprobar un dato escurridizo, apareció el texto que había abierto durante la conversación telefónica. El subconsciente reemplazó en ese momento al consciente, y ésto fue lo que ví:
"El verdadero progreso del mundo
Fuente: Homilía de Benedicto XVI al clausurar el Año Paulino
Autor: SS Benedicto XVI
La valentía es necesaria para unirse a la fe de la Iglesia, incluso si ésta contradice al "esquema" del mundo contemporáneo. A esta falta de conformismo de la fe Pablo llama una "fe adulta". Califica en cambio como infantil el hecho de correr detrás de los vientos y de las corrientes del tiempo. De este modo forma parte de la fe adulta, por ejemplo, comprometerse con la inviolabilidad de la vida humana desde el primer momento de su concepción, oponiéndose con ello de forma radical al principio de la violencia, precisamente en defensa de las criaturas humanas más vulnerables.
Forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenado por el Creador, reestablecido nuevamente por Cristo. La fe adulta no se deja transportar de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los vientos de la moda. Sabe que estos vientos no son el soplo del Espíritu Santo; sabe que el Espíritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesucristo. Pero Pablo no se detiene en la negación, sino que nos lleva hacia el gran "sí".
La caridad es la prueba de la verdad
Describe la fe madura, realmente adulta de forma positiva con la expresión: "actuar según la verdad en la caridad" (cfr Efesios 4, 15). El nuevo modo de pensar, que nos ofrece la fe, se desarrolla primero hacia la verdad. El poder del mal es la mentira. El poder de la fe, el poder de Dios, es la verdad. La verdad sobre el mundo y sobre nosotros mismos se hace visible cuando miramos a Dios. Y Dios se nos hace visible en el rostro de Jesucristo. Al contemplar a reconocemos algo más: verdad y caridad son inseparables. En Dios, ambas son una sola cosa: es precisamente ésta la esencia de Dios. Por este motivo, para los cristianos verdad y caridad van unidas. La caridad es la prueba de la verdad. Siempre seremos constantemente medidos según este criterio: que la verdad se transforme en caridad para ser verdaderos.
Otro pensamiento importante aparece en el versículo de san Pablo. El apóstol nos dice que, actuando según la verdad en la caridad, contribuimos a hacer que el todo -el universo- crezca hacia Cristo. Pablo, en virtud de su fe, no se interesa sólo por nuestra personal rectitud o por el crecimiento de la Iglesia. Él se interesa por el universo: "ta pánta". La finalidad última de la obra de Cristo es el universo -la transformación del universo, de todo el mundo humano, de la entera creación. Quien junto con Cristo sirve a la verdad en la caridad, contribuye al verdadero progreso del mundo. Sí, es completamente claro que Pablo conoce la idea del progreso. Cristo, su vivir, sufrir y resucitar, ha sido el verdadero gran salto del progreso para la humanidad, para el mundo. Ahora, en cambio, el universo tiene que crecer hacia Él. Donde aumenta la presencia de Cristo, allí está el verdadero progreso del mundo. Allí el hombre se hace nuevo y así se transforma en nuevo mundo.
La razón iluminada desde el corazón
...El hombre interior tiene que reforzarse -es un imperativo muy apropiado para nuestro tiempo en el que los hombres a menudo permanecen interiormente vacíos y por lo tanto tienen que aferrarse a promesas y narcóticos, que después tienen como consecuencia un ulterior crecimiento del sentido de vacío en su interior. El vacío interior -la debilidad del hombre interior- es uno de los más grandes problemas de nuestro tiempo. Tiene que reforzarse la interioridad -la perspectiva del corazón; la capacidad de ver y comprender el mundo y el hombre desde dentro, con el corazón. Tenemos necesidad de una razón iluminada desde el corazón, para aprender a actuar según la verdad en la caridad. Pero esto no se realiza sin una íntima relación con Dios, sin la vida de oración. Tenemos necesidad del encuentro con Dios, que se nos ofrece en los sacramentos. Y no podemos hablar a Dios en la oración, sino le dejamos que hable antes Él mismo, si no le escuchamos en la palabra que Él nos ha donado.
Oremos al Señor para que nos ayude a reconocer algo de la enormidad de su amor. Oremos para que su amor y su verdad toquen nuestro corazón. Pidamos que Cristo viva en nuestros corazones y nos haga ser hombres nuevos, que actúan según la verdad en la caridad. Amen."
Una cadena de explicaciones e informaciones no contrastadas, tan sólo la credibilidad del ponente da fé de certeza. Éste, no obstante, no baja la guardia, y tras los primeros párrafos orientados a relajar al lector, ataca frontalmente los receptores subliminales del cerebro con el par Cristo/Verdad, utilizando la técnica de la repetición hasta que la información sea aceptada como cierta.
En los últimos párrafos, los términos-clave disminuyen su profusión para despedir al lector en un estado anímico similar, en apariencia, al inicial. La nueva información está incorporada a la memoria, y su veracidad ha quedado fuera de toda duda al haber sido vinculada al concepto "verdad", por lo que el cerebro descarta automáticamente someterla a discernimiento.
Otro vocablo repetido hasta en cinco ocasiones es "corazón", llamando el ponente continuamente a "ver con el corazón". Se pretende con ésto que el oyente ignore o considere como engañosas las valoraciones contrarias al discurso que puedan llegarle desde los sentidos o la lógica, dejándose llevar definitivamente por la "creencia" o fé ciega en las conclusiones del líder.
Se trata, en suma, de una simple operación de "mantenimiento" de un lavado de cerebro previo. Pues ya sabemos para qué siven las Encíclicas y Homilías. Y el discurso de Nochebuena del Rey.
Mañana, hablaremos del Gobierno...
El caso es que estaba recabando información en la Encarta sobre las técnicas de lavado de cerebro de masas para un artículo que tenía en mientes, cuando sonó el teléfono. Acostumbro a leer los titulares del correo electrónico y las múltiples suscripciones en tanto hablo, de forma que mientras el consciente atiende al interlocutor, el subconsciente efectúa un barrido de los signos que pueblan la pantalla del ordenador. Y no tengo ni idea de lo que hace con los datos que obtiene, si es que obtiene alguno.
Pinché una suscripción al azar, se abrió un texto, y el susodicho hizo automáticamente lo propio, sin comunicarme resultado alguno. Acabada la conversación, seguí leyendo sobre sugestión, conductas influenciables, programación mental de masas, métodos de control social, propagandismo de Estado, etc. En el artículo que preparaba, pretendía sacudirle fuerte a Zapatero y su peculiar dialéctica plagada de trampas y trucos de prestidigitador, donde el cambio de tercio imprevisto, la destreza con el lenguaje y la inserción de palabras-clave son una de sus mejores bazas.
En ello estaba, cuando al cambiar de pantalla para comprobar un dato escurridizo, apareció el texto que había abierto durante la conversación telefónica. El subconsciente reemplazó en ese momento al consciente, y ésto fue lo que ví:
"El verdadero progreso del mundo
Fuente: Homilía de Benedicto XVI al clausurar el Año Paulino
Autor: SS Benedicto XVI
La valentía es necesaria para unirse a la fe de la Iglesia, incluso si ésta contradice al "esquema" del mundo contemporáneo. A esta falta de conformismo de la fe Pablo llama una "fe adulta". Califica en cambio como infantil el hecho de correr detrás de los vientos y de las corrientes del tiempo. De este modo forma parte de la fe adulta, por ejemplo, comprometerse con la inviolabilidad de la vida humana desde el primer momento de su concepción, oponiéndose con ello de forma radical al principio de la violencia, precisamente en defensa de las criaturas humanas más vulnerables.
Forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenado por el Creador, reestablecido nuevamente por Cristo. La fe adulta no se deja transportar de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los vientos de la moda. Sabe que estos vientos no son el soplo del Espíritu Santo; sabe que el Espíritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesucristo. Pero Pablo no se detiene en la negación, sino que nos lleva hacia el gran "sí".
La caridad es la prueba de la verdad
Describe la fe madura, realmente adulta de forma positiva con la expresión: "actuar según la verdad en la caridad" (cfr Efesios 4, 15). El nuevo modo de pensar, que nos ofrece la fe, se desarrolla primero hacia la verdad. El poder del mal es la mentira. El poder de la fe, el poder de Dios, es la verdad. La verdad sobre el mundo y sobre nosotros mismos se hace visible cuando miramos a Dios. Y Dios se nos hace visible en el rostro de Jesucristo. Al contemplar a reconocemos algo más: verdad y caridad son inseparables. En Dios, ambas son una sola cosa: es precisamente ésta la esencia de Dios. Por este motivo, para los cristianos verdad y caridad van unidas. La caridad es la prueba de la verdad. Siempre seremos constantemente medidos según este criterio: que la verdad se transforme en caridad para ser verdaderos.
Otro pensamiento importante aparece en el versículo de san Pablo. El apóstol nos dice que, actuando según la verdad en la caridad, contribuimos a hacer que el todo -el universo- crezca hacia Cristo. Pablo, en virtud de su fe, no se interesa sólo por nuestra personal rectitud o por el crecimiento de la Iglesia. Él se interesa por el universo: "ta pánta". La finalidad última de la obra de Cristo es el universo -la transformación del universo, de todo el mundo humano, de la entera creación. Quien junto con Cristo sirve a la verdad en la caridad, contribuye al verdadero progreso del mundo. Sí, es completamente claro que Pablo conoce la idea del progreso. Cristo, su vivir, sufrir y resucitar, ha sido el verdadero gran salto del progreso para la humanidad, para el mundo. Ahora, en cambio, el universo tiene que crecer hacia Él. Donde aumenta la presencia de Cristo, allí está el verdadero progreso del mundo. Allí el hombre se hace nuevo y así se transforma en nuevo mundo.
La razón iluminada desde el corazón
...El hombre interior tiene que reforzarse -es un imperativo muy apropiado para nuestro tiempo en el que los hombres a menudo permanecen interiormente vacíos y por lo tanto tienen que aferrarse a promesas y narcóticos, que después tienen como consecuencia un ulterior crecimiento del sentido de vacío en su interior. El vacío interior -la debilidad del hombre interior- es uno de los más grandes problemas de nuestro tiempo. Tiene que reforzarse la interioridad -la perspectiva del corazón; la capacidad de ver y comprender el mundo y el hombre desde dentro, con el corazón. Tenemos necesidad de una razón iluminada desde el corazón, para aprender a actuar según la verdad en la caridad. Pero esto no se realiza sin una íntima relación con Dios, sin la vida de oración. Tenemos necesidad del encuentro con Dios, que se nos ofrece en los sacramentos. Y no podemos hablar a Dios en la oración, sino le dejamos que hable antes Él mismo, si no le escuchamos en la palabra que Él nos ha donado.
Oremos al Señor para que nos ayude a reconocer algo de la enormidad de su amor. Oremos para que su amor y su verdad toquen nuestro corazón. Pidamos que Cristo viva en nuestros corazones y nos haga ser hombres nuevos, que actúan según la verdad en la caridad. Amen."
Una cadena de explicaciones e informaciones no contrastadas, tan sólo la credibilidad del ponente da fé de certeza. Éste, no obstante, no baja la guardia, y tras los primeros párrafos orientados a relajar al lector, ataca frontalmente los receptores subliminales del cerebro con el par Cristo/Verdad, utilizando la técnica de la repetición hasta que la información sea aceptada como cierta.
En los últimos párrafos, los términos-clave disminuyen su profusión para despedir al lector en un estado anímico similar, en apariencia, al inicial. La nueva información está incorporada a la memoria, y su veracidad ha quedado fuera de toda duda al haber sido vinculada al concepto "verdad", por lo que el cerebro descarta automáticamente someterla a discernimiento.
Otro vocablo repetido hasta en cinco ocasiones es "corazón", llamando el ponente continuamente a "ver con el corazón". Se pretende con ésto que el oyente ignore o considere como engañosas las valoraciones contrarias al discurso que puedan llegarle desde los sentidos o la lógica, dejándose llevar definitivamente por la "creencia" o fé ciega en las conclusiones del líder.
Se trata, en suma, de una simple operación de "mantenimiento" de un lavado de cerebro previo. Pues ya sabemos para qué siven las Encíclicas y Homilías. Y el discurso de Nochebuena del Rey.
Mañana, hablaremos del Gobierno...
lunes, 29 de junio de 2009
De Obras
En beneficio de millones de seres humanos que sobreviven en condiciones míseras, espero que la Obra de Vicente Ferrer no tenga un solo aspecto en común con la Obra de José María Escrivá.
Imagino que jamás opinaron públicamente el uno del otro, o si en el otro barrio habrá un "Tómbola" en donde ponerse mutuamente a parir tras enviar la pertinente invitación al perpetrador del Opus, dirigida a las mismísimas entrañas del Infierno.
A la Iglesia Católica le ha dado pereza desempolvar las trompetas de Jericó sólo porque la ha palmado un desertor, aunque también cabe la posibilidad que intuyeran que al difunto se la traía al pairo, tanto la consideración de tan insignes odres de esperma cuajado y colesterol, como la muy remota posibilidad de traducir ese hipotético reconocimiento en un proceso de santificación.
No, definitivamente, Ferrer no llegará a santo.
Y no llegará porque si predicaba, era con el ejemplo. Porque si tocaba a un niño, era para curarle, no para herirle. Porque su Dios no estaba en los altares, en los desfiles, en el dolor o la entrepierna, sino en las manos y en el pan. Porque no juzgó a los otros por lo que eran, sino por lo que podrían llegar a ser. Porque creía en la educación como fuente de humanidad, no de ingresos. Porque en los árboles de su ciencia no existían las frutas prohibidas. Por dejar patente que el amor y la solidaridad se ahogan en los vapores de incienso.
Pero hay un motivo esencial por el que su imagen no llegará a compartir nicho con el Santo de los Banqueros: haberse hecho unas cortinas con la sotana y traer al mundo cuatro hijos. Tres biológicos, y un cuarto encarnado en la demostración de que existe un modelo económico y social viable de inspiración marxista.
La Iglesia quizá le condonó su juvenil filiación revolucionaria; y su alineación con la República; y que utilizara la Compañía de Jesús para sus fines personales, para más tarde truecarla -o trocarla- por una suculenta sajona y alma gemela. Quizá.
Pero no habrá penitencia que compense a la Iglesia Católica de la afrenta infringida por los intensos vientos de esperanza levantados en Anantapur, llegados al Vaticano como un temido levante que alza sus oropelados faldones para descubrir una vez más, a la vista del Mundo, sus partes bajas, fétidas, atrofiadas y pudrendas.
La Obra de San José María Escriva tomó hombres y mujeres libres, y los convirtió en esclavos. La Obra de Vicente Ferrer -a secas- tomó esclavos, y los transformó en hombres y mujeres libres.
Quizá por eso los grandes hombres perviven en las tertulias de los sabios, y los santos en los chuchicheos de las beatas. Así que, adios a la santidad. Pero bienvenido a la Historia, Father.
(c) Diario El País.
Busqué una fotografía en compañía de un Papa
pero me ha sido imposible localizar una. Si algún
amable lector dispusiese de una, agradecería su
aportación.
Imagino que jamás opinaron públicamente el uno del otro, o si en el otro barrio habrá un "Tómbola" en donde ponerse mutuamente a parir tras enviar la pertinente invitación al perpetrador del Opus, dirigida a las mismísimas entrañas del Infierno.
A la Iglesia Católica le ha dado pereza desempolvar las trompetas de Jericó sólo porque la ha palmado un desertor, aunque también cabe la posibilidad que intuyeran que al difunto se la traía al pairo, tanto la consideración de tan insignes odres de esperma cuajado y colesterol, como la muy remota posibilidad de traducir ese hipotético reconocimiento en un proceso de santificación.
No, definitivamente, Ferrer no llegará a santo.
Y no llegará porque si predicaba, era con el ejemplo. Porque si tocaba a un niño, era para curarle, no para herirle. Porque su Dios no estaba en los altares, en los desfiles, en el dolor o la entrepierna, sino en las manos y en el pan. Porque no juzgó a los otros por lo que eran, sino por lo que podrían llegar a ser. Porque creía en la educación como fuente de humanidad, no de ingresos. Porque en los árboles de su ciencia no existían las frutas prohibidas. Por dejar patente que el amor y la solidaridad se ahogan en los vapores de incienso.
Pero hay un motivo esencial por el que su imagen no llegará a compartir nicho con el Santo de los Banqueros: haberse hecho unas cortinas con la sotana y traer al mundo cuatro hijos. Tres biológicos, y un cuarto encarnado en la demostración de que existe un modelo económico y social viable de inspiración marxista.
La Iglesia quizá le condonó su juvenil filiación revolucionaria; y su alineación con la República; y que utilizara la Compañía de Jesús para sus fines personales, para más tarde truecarla -o trocarla- por una suculenta sajona y alma gemela. Quizá.
Pero no habrá penitencia que compense a la Iglesia Católica de la afrenta infringida por los intensos vientos de esperanza levantados en Anantapur, llegados al Vaticano como un temido levante que alza sus oropelados faldones para descubrir una vez más, a la vista del Mundo, sus partes bajas, fétidas, atrofiadas y pudrendas.
La Obra de San José María Escriva tomó hombres y mujeres libres, y los convirtió en esclavos. La Obra de Vicente Ferrer -a secas- tomó esclavos, y los transformó en hombres y mujeres libres.
Quizá por eso los grandes hombres perviven en las tertulias de los sabios, y los santos en los chuchicheos de las beatas. Así que, adios a la santidad. Pero bienvenido a la Historia, Father.
(c) Diario El País.Busqué una fotografía en compañía de un Papa
pero me ha sido imposible localizar una. Si algún
amable lector dispusiese de una, agradecería su
aportación.
martes, 9 de junio de 2009
Con dolor, si puede ser...
No es que la cosa política esté en vías de recuperar el interés público que paulatinamente va perdiendo, pero una cosa es seguir embobado el devenir de las superstars parlamentarias, y otra muy distinta hacer caso omiso cuando las mentiras más burdas suben al podium luciendo medalla de oro.
Seré breve. Una vez más, los medios de comunicación actúan como máquinas descerebradas, loros de papel que repiten la consigna de moda como el eco repite la última palabra de una frase.
Zapatero no ha perdido las elecciones. Ni Rajoy las ha ganado. Ni es lícito relacionar los resultados con una demanda popular implícita de elecciones anticipadas. Porque ni Zapatero se ha presentado a las elecciones europeas, ni Rajoy tampoco. Tal vez deberían haberlo hecho, por el merecido descanso que nos supondría perder a ambos de vista durante varios años. Pero no ha sido así.
Aquí dicen "lobo" y hasta el último mono sale de estampida. Hasta los mismos lobos.
A estas alturas, pedir un poco de sensatez, un poco de racionalidad, un poco de realidad, un minimo de honestidad, es pedir demasiado. Dicen que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece, pero estoy convencido de que ésto es demasiado. No hay sociedad tan perversa que se haga acreedora de esta tortura diaria, constante, ni situación tan paradójica en la que un presidente derroche tan ingente cantidad de bondad y filantropía, que acabe atando de pies, manos y arbítrio a los ciudadanos para que no se dañen a sí mismos.
Con estupor, empiezo a echar de menos la fría crueldad de Aznar, esa simetría entre rostro y pensamiento, ambos pétreos y abigotados, ese tufo falangista, seguro y autoritario, de instructor de karate al que puedes llegar a odiar y admirar, secretamente, a cambio de esos ratos en que la conciencia requiere que alguien tome las decisiones difíciles, aún a sabiendas de que se equivoca.
A veces, incluso, sueño que vivo en un país libre. Como Venezuela, Arabia Saudí, o China. Lugares donde aún puedes salir a la calle y recibir una paliza o un disparo por expresar tu opinión. Allá, los gobernantes aún escuchan a su pueblo.
Aquí, ni éso.
Seré breve. Una vez más, los medios de comunicación actúan como máquinas descerebradas, loros de papel que repiten la consigna de moda como el eco repite la última palabra de una frase.
Zapatero no ha perdido las elecciones. Ni Rajoy las ha ganado. Ni es lícito relacionar los resultados con una demanda popular implícita de elecciones anticipadas. Porque ni Zapatero se ha presentado a las elecciones europeas, ni Rajoy tampoco. Tal vez deberían haberlo hecho, por el merecido descanso que nos supondría perder a ambos de vista durante varios años. Pero no ha sido así.
Aquí dicen "lobo" y hasta el último mono sale de estampida. Hasta los mismos lobos.
A estas alturas, pedir un poco de sensatez, un poco de racionalidad, un poco de realidad, un minimo de honestidad, es pedir demasiado. Dicen que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece, pero estoy convencido de que ésto es demasiado. No hay sociedad tan perversa que se haga acreedora de esta tortura diaria, constante, ni situación tan paradójica en la que un presidente derroche tan ingente cantidad de bondad y filantropía, que acabe atando de pies, manos y arbítrio a los ciudadanos para que no se dañen a sí mismos.
Con estupor, empiezo a echar de menos la fría crueldad de Aznar, esa simetría entre rostro y pensamiento, ambos pétreos y abigotados, ese tufo falangista, seguro y autoritario, de instructor de karate al que puedes llegar a odiar y admirar, secretamente, a cambio de esos ratos en que la conciencia requiere que alguien tome las decisiones difíciles, aún a sabiendas de que se equivoca.
A veces, incluso, sueño que vivo en un país libre. Como Venezuela, Arabia Saudí, o China. Lugares donde aún puedes salir a la calle y recibir una paliza o un disparo por expresar tu opinión. Allá, los gobernantes aún escuchan a su pueblo.
Aquí, ni éso.
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