Lo que la IC y sus acólitos opinen sobre la sexualidad, en realidad, Cariño, me importa un bledo. A mí y a la mayor parte del personal. Releyendo ese manantial de sabiduría botafumérica que mana del blog de JGL, lo he comprendido, al fin. Nuestros entrañables vejetes episcopales nunca quisieron dar a entender que la homosexualidad debe ser tratada como una enfermedad psíquica. Lo que querían dejar claro, es que los enfermos son tan sólo los homosexuales católicos. Claro. Ahora sí. Y como muestra, un botón:
JGL dixit, textually: "Se puede ser homosexual y ser un católico íntegro e incluso santo. Homosexualidad y santidad no están reñidas. Porque una cosa es la tendencia y otra es la práctica. Incluso quien practicara la homosexualidad si se arrepiente y se confiesa puede ser santo." A continuación, nos envía directamente al Catecismo Católico, lo que deja el círculo perfectamente cerrado y el ámbito de aplicación, definido. Aunque, como siempre en estos casos, no compartimos la técnica de recomendar lecturas infantiles.
Sólo hay que observar los términos científicos y realizar un simple comentario de texto, para comprenderlo diáfanamente:1 - Homosexual: en clara referencia a los individuos homosexuales.
2 - Católico: alude ahora a los católicos como homosexuales.
3 - Íntegro: de integral. Es decir, que no engorda. Deja clara la imposibilidad de embarazo en una relación homosexual.
4 - Santo: terminación clásica de los supuestos empíricos que propone, en este caso, el insigne autor. No queda muy claro, pero nos arriesgamos a deducir que se trata de todo aquél que hace lo que le viene al pijo para más tarde fingir arrepentiemiento, aunque los hechos confesados, sumados a los que se callan, superan con colmo el valor del peso específico de la constricción. El Santo más reciente debe ser el director del Liceo.5 y último - arrepentimiento y confesión: la pescadilla que se muerde la cola. La forma más complicada de autolascivia, donde resulta evidente que nos sobra, por lo menos, una costilla. Estos dos elementos ya han sido tratados en el punto 4 y tampoco es cuestión de ponernos tan pesados como es usual en el referido autor.
En definitiva, que la cuestión afectaba sólo y exclusivamente a los católicos. Un simple malentendido. Es decir, que si soy ingeniero, ateo y homosexual, soy un respetable ingeniero homosexual y estoy, por tanto, exento de pruebas analíticas y confusos test psicológicos. En cambio, si soy un diácono homosexual, automáticamente me transformo en cura maricón.
Tampoco me queda claro si, finalmente, la enfermedad consiste en ser homosexual, o ser católico.
Conste que no estoy en absoluto de acuerdo con la conclusión. Pero el algodón, no engaña. O sí.
