viernes, 13 de agosto de 2010
martes, 3 de agosto de 2010
Juan el Ventrílocuo y otras nimiedades por el estilo.
Joan Carles de Borbón intentó en primera instancia y obedeciendo los cánones básicos, hacer entrar en razón al presidente del gobierno y persuadirle para que tomase THE CRISIS un poco en serio; los pobres resultados obtenidos le dirigieron hacia el BOSS de la oposición, blandiendo idénticas intenciones; y como de donde no hay raro es sacar, cabizbajo y ojeroso se refugia en sus aposentos, primero, y en sus reales distracciones y deberes constitucionales, después.
Pero Joan no es presa fácil si le tocan las campanillas, así que haciendo Gala como en Cinco Horas con Mario de la paciencia júhta y presisa para darle palique a un muerto u objeto tan sordo como inanimado y además quedarse tan ancho, allá que se me va a la IGLESIOTA de Compostela a lucir su azul y fino sentido del humor. Atraca por la retaguardia al barbado muñeco y susurra directo a la oreja de madera: "sálvanos, arráncanos de esta crisis que nos está matando, llevando al huerto de la Jet-Set y el Maní...". Para terminar la faena con el necesario decoro bueno hubiese sido que, aunque fuese moviendo tenuemente los labios como una maricarmen ventrílocua cualquiera, haber entrado al engaño haciendo contestar al Santo Poltrón de las españas: "ézo eztá jesho, maeztro", mientras el botafumeiro pajeaba sin prisa ni miramientos el punto G de la catedral. El despiporre. Si la vergüenza, entre ajena y torera, no me lo impidiese, pensaría que en este país ya no queda atisbo de dignidad.
Y ya que hablamos de dignidad y continuando con las nimiedades, mención especial para Barna, la ciudad con ley, la ciudad sin toros, la urbe más cara -o carera- del mundo incivilizado, donde los tauranos, los forofos de la selección de fútbol y los fans de Manolo Caracol se encarnan en una sola persona, como una trinitat sabia y fiera a un tiempo, la capital sin ciudadanos propios, la Nueva York del Tercer Mundo.
Así va transcurriendo el verano, como otro verano cualquiera, con sus turistas ahogados y despeñados, con sus pirómanos, sus bañistas soñando con vislumbrar la aleta del tiburón que dará un aliciente al tedio que siempre impregna el ocio, mientras se compadecen del buzo de la piscina o el vigilante de la playa, sospechosamente incombustibles, como de amianto. ¿Porqué no les enviarán a sofocar los incendios forestales?
sábado, 26 de junio de 2010
Más Saramago, más... La inspiración divina de Saramago.
Sigo pensando que nadie ha escrito mejores "biblias" que Saramago. Que quien desee acercarse al concepto de Dios por el camino más corto y, según se mire, más espinoso, ha de pasar obligatoriamente por la prosa desinteresada y sin ambages de Saramago.
He dado, casi sin querer, con una modesta veta de artículos con la obra de Saramago como fondo, lo que resulta a veces tan interesante como la lectura directa de su obra; sobre todo cuando los intérpretes son algunos de los católicos más temidos por la Iglesia. Los "malditos".
Os dejo enlazados algunos de ellos.
Juan José Tamayo, Director de la cátedra de Teología y Ciencias de la Religiones de la Universidad Carlos III
Saramago: en lucha titánica con Dios
Juan José Tamayo, teólogo
La fe del centurión
José María Castillo, teólogo
Tenemos que cambiar nuestra idea de Dios
José María Castillo, teólogo
El enlace que viene a continuación se sale un tanto del objeto del post, pero me ha hecho saborear el espíritu "peleón" de D. José cuando de defender el sentido común se trataba: Saramago acusa a Benedicto XVI de "cinismo"
Para los no creyentes debe ser imprescindible distinguir entre el fanatismo religioso y la libre y pacífica circulación de ideas y creencias, por muy incomprensibles que nos resulten. Juan José Tamayo y José María Castillo, teólogos católicos (no sé por cuanto tiempo), por su actitud y la forma pacífica y conciliadora en que exponen y defienden sus principios, merecen todo el respeto y atención de laicistas, agnósticos y ateos.
Sinceramente, ya me gustaría encarnar en mi persona su virtuosismo para encontrar siempre el camino, la forma adecuada, ecuánime, de enfocar, de decir las cosas.
martes, 22 de junio de 2010
El Contra-Impostor Institucional.
Cuando hace ya varios años comentaba con amigos forasteros, casi todos de izquierda, las paradojas que podían llegar a darse en esta tierra de San Rafael Santísimo, sentía en la piel de los ojos las punzadas de los suyos. Era yo el envidiado habitante de la única capital provincial y provinciana gobernada por un partido comunista, y con éso ya parecía que lo demás quedaba solventado, que el resto de agentes sociales -adoro la jerga surrealista- que completan la fauna pueblerina se relegaban a meros percheros de trajes gurtelescos.
Tres culturas compartiendo con provecho mutuo espacio social y político ya es un logro, pero que el invento funcione incorporando además el Marxismo, raya el milagro en el sentido más abrupto del término. Claro que, en este caso, la presencia de dos de las cuatro culturas es simbólica: ni el Islam ni el Judaísmo recorre oficialmente estas calles siglos ha, de ahí tal vez la mayor facilidad con que ha conservado la connivencia entre Catolicismo y Marxismo. Ahí es nada.
Ésto que, a primera vista chirría como uñas en pizarra, puede tener una explicación tan simple como desconcertante: que ni uno ni otro son lo que dicen ser. Yo la llamo la Teoría del Contra-Impostor Institucional.
Líneas de pensamiento tan potentes y disonantes entre sí como el Catolicismo y el Marxismo no pueden, sin trampa, discurrir en paralelo durante un periodo de tiempo tan prolongado. Y trampas, cada cual ha hecho la suya, a su manera y con su propia baraja.
Empezando con el Marxismo democrático local, reducto incomprensiblemente inexpugnable desde hace décadas, debe su prodigio tardío al préstamo católico del don de lenguas y el beso de judas con carmín, que le ha regalado movilidad entre las clases, desde la plebe de mercadillo a las altas esferas estamentales, sumando el cotorreo de sacristía y el codeo y recodeo con las fuerzas vivas del adoquín que jamás visitó Marbella. Toda una obra maestra de orfebrería de gestos y vista gorda.
De ahí al Catolicismo pelegrino, euro tangado y sabandija, un paso. Que, como al gato, el Patrimonio es mío y me lo follo cuando quiera. Tal así una urbe que brilla como la Atlántida y tizna como Sodoma, tierra de bono-basura, sotana y alguacil, marisma de desidia, rosario y calcetín bajo ladrillo, donde las manos sólo se mueven para proyectar quimeras en papel y burda maqueta, ciudad dibujada, imaginada en inacabables viñetas de TBO, pueblucho con más curas que médicos, curas jugando a Botín, jugándose el botín; de siesta y bostezo, de ya llegará el verano.
Los chulapos no saben dónde han ido a poner la era. Los hombres de negro permanecen agazapados, para no verse y convencidos de que no se les ve; murmurando sus mantras a San Rafaelísimo Bendito a fin de que les otorgue otra oportunidad, empeñando su alma porque esta vez serán buenos, buenos cristianos, y no se dejarán vencer por la tentación de la ostentación, el lucro y la sinvergonzonería en sus más variadas recetas. Y es de suponer que el Patrón, un tanto obsesionado con la pesca, en una distracción concederá el deseo con la irresponsabilidad del genio de la lámpara.
No acaba de entender que él es de piedra, pero los demás no. Como los alcaldes, los patrones deberían hacerse elegir cada cuatro años.