martes, 9 de diciembre de 2008

¡ Múuuuuuuuugica !


Pero qué hace un socialista -como usted-, en un lugar -como La Cope-. De verdad que me he pasado media vida defendiendo y publicitando las bondades tanto de su persona como las de la Institución que encarna, Sr. Defensor del Pueblo, Don Enrique. Pero ya le digo, a quién se le ocurre meterse de patas en los manglares de La Cope, nadando como si nada entre alimañas y bestezuelas varias, a cada cual más cutre y barriobajera, amén de amén.

¿Qué ha conseguido Ud., Sr. Muuuuugica? pues que los más progres entre los pogres le pongan como un ropón. A pillar moscas, vamos. A usted le va a dar igual, y muy bien que hace. Ha echado la carnaza en el lugar adecuado, para salvar la piel. No dice mucho de usted, Sr. Enrique Muuuuuuugica, pero ya se sabe que la dignidad y los principios está reservados para ésos, para los tontos, activistas, librepensadores, conservacionistas e intelectuales selectivos a la hora de aceptar invitaciones de programas de radio-basura.

Y conste que le tengo fe, que estoy con usted. Mirando la foto, qué quiere que le diga, yo hubiese hecho igual, decir lo que me decían que dijese los tres vestigios de homínido arriba representados. Y gracias a que la Schlichting no cayó en la cuenta de pedirle que soltase éso de muerte al borbón, que si se le ocurre le chafa el fin de fiesta a ERC.

Apuesto que hasta Hugo Chávez está orgulloso, Sr. Muuuuuugica, de su más que justificada salida de tono en el emponzoñado baluarte de La COPE: la constancia de que uno no es el único que puede pasar por imbécil integral alivia, oiga.

Yo, que soy muy bestia, en estos casos propongo dar una segunda oportunidad. Se atraviesa al sujeto -usted, en este caso- con un estoque que entre por la cerviz y se detenga justo a un centímetro de la próstata. Entonces, se repite la pregunta: ¿qué opina usted de la tauromaquia como arte?

Este planteamiento es imaginario y en absoluto deseable, obviamente, pero, Sr. Múuuuugica, no coincide usted conmigo en que, al menos, tendría un elemento más de juicio a la hora de hablar de sensibilidad?

sábado, 15 de noviembre de 2008

Eduardo Zaplana vuelve al Congreso, de incógnito.



Acostumbrados como estamos a las fotografías trucadas con el fotoshop, apenas si prestamos atención a los detalles.

Pues bien, no salimos de nuestro asombro. Y no porque la Mesa del Congreso haya aprobado rendir homenaje a una monja dedicándole una placa en el núcleo mismo de la pluralísima soberanía popular hispano-mundial, sino porque ha pasado desapercibido -tanto al gobierno como a la oposición- que la tal sor Maravillas es tan real como Iron Man, tratándose pues de un personaje inventado por a saber quién para colar... nada menos que un retrato de Eduardo Zaplana, eso sí, parcialmente oculto por un burka, por motivos que no alcanzamos a comprender.

Desde este blog estamos en condiciones de garantizar que la fotografía situada a la izquierda -y sólo ésa- no es fruto de montaje alguno, y emplazamos al gobierno a iniciar una investigación al respecto ya que, el merecimiento de tal alto reconocimiento por parte de la Cámara ha de recaer forzosamente en Sor Ana Botella en primer lugar -por méritos y motivos que no es necesario enunciar-, sin perjuicio de que, en posteriores homenajes, Eduardo Zaplana -ya vestido de calle- pueda ser incorporado a la lista de eméritos congresuales, por motivos que tampoco es necesario recordar.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

La Memoria Anónima. borrar

Casi todos nos vamos de este mundo de puntillas. Nuestra biografía anónima apenas sobrevive dos generaciones antes de diluirse definitivamente en la amnesia del desinterés de quienes vienen detrás por conocer de quién provienen. En la película "Enemigo Mío", la tradición de la raza de uno de los protagonistas, prescribía que todo individuo tenía como primera obligación vital el conocimiento y transmisión oral de su genealogía a sus descendientes, de forma que cada individuo no era sino el representante vivo de la memoria de todos aquellos que le antecedieron. Eran una especie de iguanas evolucionadas.

No son pocas las culturas humanas que rinden culto a sus antepasados. Aún así, si algo perdura en la memoria hereditaria de los parias, son los contados hechos loables -y deformados por el tiempo- del tatarabuelo, en el mejor de los casos. Pero quién fue, porqué, sus errores y, en definitiva, su humanidad -único testimonio de su existencia- se habrán evaporado para siempre a los pocos años de su desaparición. En realidad, es como si nunca hubiesen nacido.

Es lo ocurrido a muchos hombres y mujeres que dedicaron su vida a construir la dignidad y honestidad de otros seres humanos, empeñados en imbuir en sus mentes el discernimiento y la dimensión real del mundo que les rodeaba.

Fueron, y son, muchos. Pero hoy, de entre todos, me viene un nombre, reverdecido mientras repasaba viejos papeles, notas y apuntes de una época en la que aún estaba de vuelta de todo, recuerdos de una vida que ya parecía vivida, la sabiduría conque nos embadurna la inexperiencia.

El Goliath de cabeza de huevo, ojos saltones y parlanchines, de gruesos labios infalibles traductores simultáneos para sordomudos. Amante de todo lo amable, destructor crítico, impredecible y certero como un rayo, estrujador de conciencias, hazmerreir de los lerdos, espectador exigente, manirroto de las verdades con minúsculas.

Quien sólo le recuerde como un extravagante impartidor de clases de francés y filosofía, quizá tenga razón.

Pero Otto Wagner dibujó y abrió en muchos adolescentes, para bien o para mal, puertas sobre paredes que parecía lisas, en una época donde disentir, elevarse y desentrañar la relación entre las cosas, salirse del rebaño, ya empezaba a ser el primer paso hacia el ostracismo.

Ojalá otros que te conocieron más y mejor escriban y abunden, algún día, sobre quién fuiste, antes de que sean sus propias memorias las que se esfumen. Como un ínfimo y tardío homenaje, hoy leeré una página de Zubiri.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Pero ¿qué mestaj contando?

De nueve mil pies del altura, para arriba, éste que lo es no se cree una palabra. La realidad se alimenta de milongas y cuentos, cuentos chinos, cuentos que ni por el gaznate de los críos pasan. Y uno, que va acumulando años, desengaños y desbarajustes de todo calibre, pasa por cretino de necesidad, agarrando los picos de las mantas día sí, día no, sopesando las consecuencias de tirar. Y optando siempre por dejarlas como están.

El saco de maná de las ilusiones, de las esperanzas, se agota, se va agotando; rascas a tientas el fondo áspero y palpas apenas migajas. Los felices adaptados, integrados prematuramente en la colmena sin un ápice de esfuerzo, no lo entenderán. Son asumidores profesionales del entorno, portadores del mudo encargo vital de contagiar "boca a boca" su concepto de felicidad, cundiéndolo con el ejemplo. Qué mejor forma de apostolar que con la imagen viva que muestra las prebendas que reporta el sometimiento.

Juraría que el ahora resulta de un meticuloso cálculo mercantil. Me tranquiliza intuir esa existencia superior alojada entre almohadones en el más alto despacho de la más alta torre financiera. Ella rige el mundo a grandes rasgos, con trazos gruesos que cada uno de los millones de individuos afinan y detallan en su quehacer diario, pero que en nada cambian el aspecto, la perspectiva general del cuadro. De esa forma, al menos, me ahorraría el tedio de buscar un porqué.

Empiezo a temer la inexistencia del por otros tan temido plan director. El gran hormiguero humano se dibuja más bien como un numeroso conjunto de hormigueros con una limitada conexión entre sí. Universos aislados de hábitos, objetivos y necesidades diferentes, como muros frente a frente, imposibles de conjuntar y orientar hacia un horizonte común. Globalicen sin miedo, que del suelo no pasamos.

La vida es demasiado corta como para exigirle, además, que sea brillante. Cuando empezamos a razonar es tarde para dar marcha atrás. Con la inercia que nos aplican apenas tenemos tiempo de echar un vistazo, y es necesario elegir la dirección en plena marcha, preguntándonos mientras avanzamos si el sentido no será el opuesto. Así que no queda sino improvisar y asumir el probable tiempo perdido.

Los grandes filósofos pacifistas de siglos pasados murieron poniendo la otra mejilla, en la firme creencia de haber cambiado algo del mundo que encontraron. Tal vez se fueron en paz consigo mismos, pero equivocados. Los pocos caudillos y mesías que resistieron la corrupción -en general por la falta de oportunidades que supone un balazo en la cabeza- han pasado a los anales de la historia como simples "buenazos" puestos como ejemplo de lo que debería ser. Y poco más. La juventud es breve y apenas da para acudir a cuatro manifestaciones con fondo de utopía. Luego llega la realidad. Cubrir las necesidades, y la necesidad aún más perentoria de adaptarse y elegir entre consagrarte como un paria, o como un artista. A los parias se les ignora. A los artistas se les aplaude en el momento, y un instante después se les archiva en un lugar recóndito del subconsciente, allá donde la conciencia rara vez llega.

Quién se acuerda cada día de las lecciones magistrales de Mario Moreno o Patxi Andion. Quién prefiere vivir los sueños de diseño, a despertar y asumir la realidad.

Suerte, desde aquí, todos aquéllos que en estos momentos pugnáis por traspasar las empalizadas de Melilla. Sed bienvenidos a... Matrix.

viernes, 3 de octubre de 2008

Platero y ella, o la suerte de la fea.


Por la descripción literariamente impecable que de su cuadrúpeda persona hace su creador e interlocutor con el mundo real, quien más y quien menos tiene la idea hecha sobre cómo es Platero. Lo que en cabeza de uno ni de otro entraba, era que ese hocico húmedo flirtearía un día con el busto vivo de la mismísima reina de Castilla y territorios anexos, que al nombre de sabiduría responde.

El antaño castigado y como de mal nombre usado animal, vive hoy su época suave, como de algodón, felizmente sustituido por el diésel y mimado hasta el extremo del real morreo, siendo así previsible nominarle a honoris causa en el Príncipe de Asturias, que asnos más burros, además de zorros, se han visto laureados en Oviedo, no sin antes haberlo comido y bebido.

Pocos se percatan, sin embargo, que desde la dehesa contempla con sana envidia la subida de escalafón de los plateros del mundo, el bóvido azabache insignia de lo español que no se ve reflejado, en prosa o en verso, si no es para alabar sus estertores lacerados de sangre y metal, si no es para contar con qué garbo se deja chulear por un asesino y andante árbol de navidad.

Tiene el toro por cierto que llegará el día en que los cerdos del matadero y los ciervos del monte también anhelarán su destino, pero también que ése día no será hoy, ni mañana, que su suerte reside en un sórdido corredor, de la muerte, que encontrará masticando barro hecho de sangre y albero.

Entretanto, la Reina de los plateros lucha quedamente con las armas de su ausencia, reprobación por real silencio e indiferencia, mientras los Antonios Burgos del mundo despotrican, impotentes, sapos y culebras en tentativa de feroz chantaje castizo.

Las muchas diferencias entre griegos y romanos incluían, desde luego, el respectivo nivel de humanismo, de humanidad. A los hechos me remito.