lunes, 25 de enero de 2010

Una dulce y prolongada agonía

El Catolicismo tal y como ha llegado hasta nuestros días, tiene los siglos contados. En este sentido, no hay opiniones más relevantes y autorizadas que la de los propios teólogos de La Iglesia, aunque sean los ideológicamente proscritos. Son precisamente ellos los que portan la esencia de lo que los demás pretendemos hacer ver. Que no existe persecución religiosa alguna. Que no se trata de reprimir los espiritualidad de la gente. El objetivo es, simplemente, acabar con la hegemonía de un Estado-Bunker milenario que ha sobrevivido en base al miedo, la superstición, el chantaje político al resto de países y el oscurantismo, y que ha dejado de tener cabida en una sociedad como la actual.
Os dejo con José María Castillo, teólogo católico que impartirá tres conferencias sobre religión y Derechos Humanos en Caixa Fórum, en una breve e interesante entrevista - no sé si concedida o sólo aparecida - en el Diario de Mallorca, y el que redactor ha titulado

El Dios del obispo Munilla es el que hay en muchas cabezas episcopales



martes, 19 de enero de 2010

Munilla en el lado oscuro

Definitivamente, el Prior Munilla ha sucumbido al lado oscuro del catolicismo. Tras declarar que "En un día como hoy, vamos a acordarnos de que Dios llora entre nosotros, Dios llora en la tierra. Nos unimos al dolor que clama al Padre. El Padre escucha ese dolor, lo acoge y es capaz de hacer el milagro de que estemos recibiendo un gran testimonio estos días, el testimonio de esos humildes que en su dolor claman a Dios", no son pocos los observadores que afirman que podría haber sido su última misa como humano.
El texto, que ha sido analizado minuciosamente por el teólogo gregoriano Manuel Feacuita Tanicia, Titular de la prestigiosa Universidad Católica de Dremburg, ha desconcertado incluso a Benedicto XVI, que se ha apresurado a aclarar que Dios llora entre nosotros es una simple metáfora alusiva a las últimas e intensas lluvias caídas en la Península.

Feacuita ha concluido su detallado estudio del complejo pensamiento munillano con una frase lapidaria que pasará sin duda a los anales de las sentencias episcopales: "vaya gilipollez, no tiene ni pies ni cabeza, unirse al dolor que clama el padre mientras el padre escucha ese dolor al tiempo que lo acoge y envia un testimonio a los humildes, que a su vez, claman a dios con su dolor, mientras llueve simultáneamente entre nosotros y en la tierra, es mucha tela incluso para Dios".
La SGAE, por su parte, ha salido al paso aduciendo que tanto el sonido del chapoteo de las gotas sobre los charcos como el del pollo friéndose a tutiplén, ya están legalmente registrados en sendos CD’s de efectos especiales para películas españolas, enviando ipso-factura a la sede central de la CEE, que la ha derivado a su Jefe para la oportuna autorización del gasto.
Entretanto, Munilla, que se ha mantenido al margen de los hechos secundarios, se encuentra bajo observación a respetable distancia dados los estragos sufridos por su cuerpo inmortal tras su arrebato final por el lado oscuro del catolicismo. Está quedando hecho una pena -han señalado algunos testigos- y se duda si el día de la resurrección podrá repararse tamaño estropicio.



lunes, 18 de enero de 2010

Quién puso más

Si algo raya a un creyente (generalizando, claro), es la incertidumbre. Es por éso que inventa lo que ignora y llama ateismo al valor, que a él le falta, para enfrentar la realidad.
Alguna vez he sido inquirido sobre mi (presunta) obsesión por las religiones, por lo que me he visto obligado, como corresponde, a reflexionar sobre ello. Como primeras piedras del pensamiento resultante, me he planteado quién puede considerarse más obsesionado con la religión, quien relaciona todo hecho -tanto cotidiano como excepcional- con intervenciones o voluntades sobrenaturales, o quien pugna por evitar la influencia personal y social de las organizaciones que presionan sin tregua a las instituciones para imponer la superstición como el modo lógico de vida.
Las creencias transcendentales son en sí mismas inofensivas siempre y cuando quien las protagoniza no lleve la cosa demasiado lejos y crea haber recibido un mandato de la divinidad de turno, que le fuerce a convencer al resto del planeta de la veracidad de su credo.
El peligro real no se encuentra tanto en las religiones -casi todas estupendas y virtuosas en su prólogo- como en las personas empeñadas en que el resto se someta a sus propias interpretaciones y modos de vida.
El porqué la mayoría de mis post recurren en este tema es evidente: desde mi llegada hasta bien cumplidos 8 años, no hubo quien me hablase de economía, ni de política, ni de sociología, ni de astrofísica, de filosofía, ni siquiera de cocina. Resultaba invitado día tras día, sí o sí y como a millones de personas más, a memorizar mantras que no comprendía, de palabras canturreadas que confundía o malpronunciaba, y forzado literalmente a fingir creencia en seres mágicos reflejados en mil y una historias a cada cuál más increíble y cruenta hasta para un niño de corta edad. Para mí, aquél señor que ni podía imaginar vendría a jugar a los vivos y a los muertos. Justo como hacía con mi amigo Luis cuando, jugando, le disparaba y caía al suelo malherido.
A mí me trajo una cigüeña y a éste una paloma. Qué haríamos sin pájaros, recuerdo haberme planteado en alguna ocasión, con toda la seriedad que, a veces, otorga la inocencia o la tontuna.
Hoy, la gente de 20 años para abajo se toma el asunto con otra salsa. Su infancia no ha sido totalmente sumergida en la superchería, la mentira, el miedo y la aprehensión de vivir en un Gran Hermano planetario. No son mejores ni peores personas que sus mayores, quizá ni siquiera sean más libres, pero su mente si está más limpia, su subconsciente no ha sido tan mezquinamente contaminado por culpas inexistentes, ideadas para convertirles en más esclavos aún de lo que la sociedad misma, inevitablemente, los hará.
Acierta la clerigaya cuando afirma con sorna autosuficiente que el cristianismo es la base de Occidente, que lo impregna hasta los huesos. Y aunque ya han buscado nuevos cubiles fuera de Europa desde donde hacer estragos y cometer sus felonías, por estas latitudes ya se muestran a la defensiva y retroceden altivamente día a día, arrinconados en este culo del viejo continente que llamamos España, esfínter laureado desde donde un día rociamos al mundo, con sonoro ímpetu diarréico, con todos los excrementos ideológicos del catolicismo, repartiendo así el hedor y la pasta espesa que nosotros mismos ya nos sentíamos incapaces de continuar soportando.
Compartir es vivir, al fin y al cabo. Y me gustaría colocar una foto en esta entrada. Ya veré cuál.

Franqueza y fino sentido del humor

"Es que soy filatélico"

Con este ocurrente epígrafe justifica un bloguero nacional-católico la presencia de la imagen de Franco en su página.


Reconozco que me arrancó una sonrisa a pesar de lo que la cosa conlleva. La originalidad y el sentido del humor siempre merecen reconocimiento.
Cuántas veces no tuvieron los redactores de La Codorniz que utilizar argucias similares para evitar, paradójicamente, que el Sr. del Sello les echara el guante... suerte que tienes, chaval.