martes, 20 de enero de 2009

La rebelión de los magnates.

Prefiero no pensar cuánto tiempo lleva urdiéndose, cuánto habríamos podido hacer para que no llegase a suceder. Ya no albergo la menor duda de que los ciudadanos somos el medio de vida de políticos, magnates de los negocios y resto de vividores de menor rango que hacen lo que se les pida con tal de vivir con tanta holganza como holgura. Una especie de rebaño fácilmente conducible y que se ordeña periódicamente, al que se le extrae el beneficio suficiente para no matarle, y se le devuelve al redil, alimentado y teniendo buen cuidado no sospeche qué es y para qué sirve. Que sólo es ganado. Cuanto más comemos, cuanto más consumimos, más lana y carne proporcionamos. Sencillo.

El pastoreo y conducción del rebaño se encomienda a manos expertas, y no será porque en su manual de instrucciones no deja bien claro quién es quién, exento de argucias metafóricas: inculcar la aceptación ciega de unos principios éticos, morales y espirituales ladinamente amañados.

El sistema tramado por las élites hereditarias de poder ha dejado los suficientes cabos sueltos como para que, a trancas y barrancas, se haya impuesto y supuesto como idóneo el sistema democrático de gobierno, y un acuerdo global conducente al reconocimiento como cierto de los derechos indiscutibles que asisten a los seres humanos, un intento igualmente fallido de romper la racha de asesinarnos unos a otros, que ya dura veinte mil años.

Sin embargo, en la práctica, diez cabezas piensan mejor que diez mil millones, y las minorías en la sombra vuelven a tomar las riendas del mundo, y lo que tras la segunda gran guerra sobrevenía como la promesa de un mundo nuevo donde cabíamos todos, acaba de nuevo desvelándose la falacia. Mentiras sobre mentiras han conformado toda una época, un páramo floreciente que nos prometían eterno, un estado de bienestar de una perpetuidad que ya no se asegura ni a las nieves del Kilimanjaro.

Atrás quedan términos pensados y paridos para dar credibilidad a la campaña de márqueting que ha embobado, literalmente, a tres generaciones. Abuelos, hijos y nietos han creído en la existencia del desarrollo sostenible, que Kioto era la cuna de la esperanza, que Hacienda somos todos, que la aldea global era la panacea y que ariel lavaba más blanco.

lunes, 19 de enero de 2009

David 1 - Goliath 100

El mito de David contra Goliath es éso, un mito. En el mundo real no caben milagros ni emocionantes triunfos inesperados de la justicia, ni suenan bellas bandas sonoras de fondo en escenas de heroicas muertes que sirvieron para algo.

En el mundo real, la muerte es sucia, inútil, sólo causa un dolor indescriptible y la única música que llega a los oídos son los gemidos sin esperanza de los moribundos.

Cuando un adulto inocente muere, durante el instante previo a su marcha sabe que la causa es la crueldad y estupidez humanas. Los niños, sin embargo, mueren si saber porqué. Una gran parte de ellos no han llegado siquiera a conocer mínimamente la naturaleza de los engranajes que mueven el mundo, nada saben del odio que se profesan los mayores. Sólo sienten, sin más.

Me pregunto -aunque ni la casuistica, ni el marco político ni civil sea comparable- si todos aquéllos que ahora justifican la "autodefensa" Israelí, apoyarían el bombardeo de pisos francos de ETA en el País Vasco. Si los cientos de muertos resultantes serían "un precio justo, necesario, a pagar" a cambio de la tranquilidad del resto del país.

Está claro lo que los palestinos importa tanto a Hamas como a Israel. Ambos persiguen sus fines sin reparar en las vidas que la ambición de unos y el fanatismo de otros está segando con la guadaña de la irracionalidad.

La razón dispone de infinitos caminos, la historia de los pueblos parece condenada a escribirse con sangre hasta tanto no aprendamos caminos que nos alejen de la barbarie.

Intransigencia, intolerancia, son términos que hemos acuñado entre todos, desde siempre.

Hombres G-20

Prefiero las cosas a toro pasado, como pasada está ya la cumbre G-20 de marras, la de los porfavoses, la pequeña réplica -como de terremotillo- de la foto del presidente niñato corriendo a la vera de los adultos para parecer mayor. Para J.L. Rodríguez, el Pumba flatulento del inolvidable "Rey León" Disneyco, ha sido un correr de aquí para allá buscándose hueco, darle vueltas a la base en busca del camino conducente a la cumbre. Rodrigo de León empeñado en participar de lleno, ansioso de codearse, de rozarse, de regalar su sonrisa de duralex y, de paso, ilustrar a los G-20 sobre exorcismos de crisis, transmutándose al papel de gran maestro de ceremonias al que aspira sin darse, ni darnos, tregua.

Ya veremos si es más listo que el hambre, aunque no llegará la sangre al río. Más que nada por los muchos sabios aún que, en 15 años, ni tentados estuvieron de acercarse a un ladrillo, consecuencia directa de que conserven, en distintos grados de precariedad, sus empresas o empleos.

Desde esos días de lucimiento hasta hoy, para volver a repetir malabaresca presencia española, habría que ampliar el cupo al 38, por lo menos. Como no es el caso y en algo tienen que entretenerse los políticos mientras los anticuerpos naturales del liberalismo hacen su trabajo, el Partido Popular, en esta esquina del cuadrilátero, y PSOE en la opuesta, se noquean de metirijillas en ese recinto de segunda categoría -y bajando- que es el Senado y al único fin de darle un poco de circo al pueblo, con el asunto de los euros empleados en la puesta del largo del Presidente en la Guait Jous.

Y tal y como ocurrió en aquella ocasión en que le descerrajaron a Rajoi la trágica pregunta de cuánto ganaba, ni una sola cifra asomó a la palestra. "Lo normal en estos casos", fue la incógnita más despejable que aportaron los PSOE's BOYS -desde Moncloa, cloa, cloa- al interrogante. Las respuestas restantes, etéreas, retruécanas, huidizas y tontamente grandilocuentes.

Casi sin querer, se me quedan grabados los dos últimos términos; y a pesar de haber hecho firme propósito de no generalizar nunca más en la vida, me llego a preguntar: Porqué últimamente hasta las nubes del cielo y las estrellas del firmamento, parecenme formar precisamente ése dúo: Tonto Grandilocuente.

jueves, 15 de enero de 2009

Vena payasa.

La vena payasa que todo norteamericano lleva impresa en sus genes o en su propia Constitución, le está aflorando a Obama. Sigue lanzado y aún no se percata que ha terminado la campaña electoral, motivo por el que empiezan a sobrar los gestos de sensiblería familiar que tanto mandan a la hora de elegir papeleta.

Así que, en lugar de escribirle carta gruesa al Fondo Monetario Internacional, consume sus últimas horas de asueto propio de ciudadano libre, en contarle a sus vástagas el motivo por el que en los últimos meses han gozado de prebendas impropias de su edad, ingerir guarrerías, acostarse a las tantas, vestiditos a juego, e informarlas e informarnos, de paso, de chismes familiares con moraleja.

Por aquellas tierras del maíz deben usar a saco el pesticida de la tontería mezclado con vete a saber qué hierbas, y una pizca de incienso, porque a este paso va a dejar a la mismísima santa beata Sara Palin a la altura de una madame prostibularia.

Mal, muy mal empezamos, Mr. Obama.

Pueblo Elegido

Es el rol que la amalgama judía ha escogido para sí y el resto del mundo. Pueblo Elegido por Dios, con mayúsculas, como se escriben los dioses estúpidos, crueles y de menguante sesera.

Salpicada primero e inundada después, de suculentas mentiras sobre éxodos improbables y deportaciones juradas -que no comprobadas- el más posible de los pasados indica que Israel, la Israel mesiánica de muchos siglos atrás, ni huyó ni sufrió en la exagerada medida de la que tanto gusta de alardear; más bien ocurrió lo que a cualquier pueblo sucede por simple regla de tres de la sociología natural: se mezcló -si es que no lo estuvo siempre- con el entorno humano que compartía, olvidando sus raíces, convirtiéndose a las nuevas corrientes religiosas que nunca dejan de circular, como el tifus en los ambientes malsanos. No significa ésto negar la realidad sefardí.

Sin embargo, es lícito sospechar que o bien Yavéh erró en la divina elección, decantándose por una de las tribus de más soberbias, despiadadas y astutamente malvada del planeta, o la sangre vertida en estos años de locura es mucho más judía de lo que su inexistente conciencia podría soportar.

El victimismo bien llevado confiere a la presa el poder y el derecho más cruel y depredador, le habilita ante el mundo para resarcirse con creces de las ofensas y perjuicios recibidos en el pasado. Entre las muchas caras del omnipotente poder terrenal, el híbrido económico/militar acalla las bocas y neutraliza el escozor de conciencias, provoca impotencia y dolor abdominal. Consulte a su farmacéutico.

Tan sólo el indio loco y sin dios conocido, Evo, ha tomado la drástica medida de tapiar las relaciones diplomáticas con los sabios de sión, al tiempo que se desmoronaba parte de la sede de la agencia de las Naciones Unidad para los refugiados. En Gaza, por supuesto.

Y es que no ha nacido aún la resolución del Consejo de Seguridad de la Onu capaz de apaciguar la cólera de Yavéh.