lunes, 30 de marzo de 2009

Un globo, dos globos, tres globos...

Hay afirmaciones tajantes y teorías que, para desmontarlas, basta tan sólo un mínimo de sentido común. Por eso ésta va a ser la "entrada" más breve de mi muy breve blogohistoria.

Veamos, pues, el siguiente postulado:

"El Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, Cardenal Alfonso López Trujillo, explicó a la BBC1 de Londres que no se puede alentar el uso del preservativo como único medio para detener la epidemia del SIDA porque éste falla en evitar el contagio. El Purpurado colombiano recogió varios estudios y recordó que "el virus del SIDA es unas 450 veces más pequeño que el espermatozoide. El espermatozoide puede pasar fácilmente a través de la red formada por el preservativo".

Y como las memeces son como los terremotos, es decir, que tienen réplica, el Arzobispo de Nairobi, Monseñor Raphael Ndingi Nzeki, apostilla que el SIDA "ha crecido tan rápido a causa de la disponibilidad de preservativos, porque invitan a la promiscuidad y por su permeabilidad".

Bien.

Podría incorporar cienes y cienes de cuadros comparativos sobre las dimensiones de los distintos microorganismos. Pero no va a ser necesario tomarse tantas molestias -además de que no las merece, por supuesto-

Ya que se empeñan en usar su cerebro como un órgano semidesarrollado, contésteseles en idénticos términos, como si a tiernos infantes, con mucho que aprender pero poca madurez intelectual, nos dirigiésemos:
  • Uno o más átomos de hidrógeno, carbono, nitrógeno y oxígeno, en número total no inferior a 9 átomos, forman un AMINOACIDO.
  • La unión de varios aminoácidos, da lugar a un PÉPTIDO.
  • Si logramos reunir más de 100 aminoácidos (organizados en péptidos), obtenemos una PROTEÍNA, con lo que contaríamos con un mínimo de 1000 átomos enlazados por cada proteína.
  • Los virus, TODOS LOS VIRUS, incluído el VIH, están formados por una o, en el caso del VIH, dos cadenas de un potingue que los científicos -siempre ignorantes- les ha dado por llamar ácido ribonucléico, compuesto por muchísimos átomos cogiditos de la mano. Pero la mayor parte de TODOS LOS VIRUS, incluído el VIH, está formado por una CAPSULA compuesta de PROTEÍNAS. Es decir, compuesta por cientos de miles de ATOMOS.
  • El hidrógeno es un átomo. UN SÓLO ÁTOMO. El hidrógeno es también un gas. Los átomos de hidrógeno no pueden formar enlaces consigo mismos, sino que, como todo gas, tienden a separarse entre sí, ocupando todo el espacio que tengan disponible.
  • Si introducimos hidrógeno a presión en un preservativo, el material elástico se expandirá para dar cabida a los muchos átomos de hidrógeno que ha de albergar, aumentando así el espacio disponible.
  • Ciérrese mediante nudo marinero triple, el preservativo.
Hasta aquí el experimento.

Si Dios ha informado bien a Su Santidad y acólitos sobre la naturaleza de la materia, los átomos de hidrógeno comenzarán a liberarse a través del "material permeable" de que está compuesto el preservativo, dado que son infinitamente más pequeños en tamaño que la envoltura proteínica del virus y, si éste cuela aunque sea por orden irrevocable del infalible Beneadicto, un átomo de hidrógeno pasará como pedro por su casa.

Por lo tanto, el preservativo deberá "desinflarse" en pocos minutos.

Es un experimento sencillo, de libro gordo de petete, por lo que animo a todos, católicos protestantes y no católicos, a que lo realicen en sus casas. Ni que decir tiene que el gas no tiene que ser necesariamente hidrógeno, pudiendo utilizarse incluso el compuesto gaseoso exhalado en la respiración, rico en todo tipo de átomos libres, todos de tamaño muy inferior a un virus.

Recomendaciones:
  • Que el preservativo, a ser posible, no hay sido usado.
  • Caso de utilizar hidrógeno, comprobar empíricamente la validez de los resultados pasando la llamita de un mechero a no menos de 30 cm. del globo resultante.
Sabía que no iba a ser mi entrada más breve.

viernes, 20 de marzo de 2009

La escritura gaseosa.

Se puede escribir con el filo de una navaja. Se puede escribir empapando una esponja en agua de rosas. O con los dedos, tras hundirlos en el corazón. Se puede escribir utilizando excrementos a modo de tiza. O mojando mentiras en el tintero. Se puede escribir mientras nos admiramos ante el espejo. También se puede escribir con sudor. Se puede escribir con el jugo de los sueños. Y con las purulencias que manan del dolor de un recuerdo. Incluso con los reflujos del sexo.

Y hemos aprendido a escribir con gas. Gas volátil, respirable, gas que ocupa sin llenar, el gas del lenguaje cómodo, de la verborrea fácil, la escritura al gas que llena las cuartillas impresas con discursos, el gas de la previsibilidad, la mezcla correcta de gases que ni sana ni mata, el gas del "yo no he sido", el gas que inventa futuros anclados en el pasado, el gas de la indiferencia disfrazada de devoción, el gas innoble de la nobleza, el gas de la amnesia que apacigua las masas.

La escritura gaseosa del que dice sin decir, del que clama por sus fueros pero no por sus dentros, del trapecista que nunca actúa sin red, del que tiene puertos pero carece de barcos, del insípido pavo real llorando emocionado el eco de su propia voz, del que no tiene platos que romper, del que se disfraza de garantía versicular.

Para éstos, para los escritores al gas, el mundo es una lista de la compra, una carta a Melchor. Escriben con el lánguido tañer de una campana, con el golpeteo mecánico de un herrero, dando idéntica forma a cada pieza, sólo para arrojarla después al montón en donde será imposible distinguirla de las demás. Escribir al gas implica militar junto a quienes ocultan las salidas, desacreditan las soluciones y sepultan la esperanza en un oscuro mausoleo construído con las frías piedras sobre las que se escribe la Ley.

El alias es el eterno enemigo de la honestidad. Y, por una vez, siento deseos de firmar. Será que, también yo, he escrito al gas.

jueves, 19 de marzo de 2009

Farmacología humana.

El acierto de “El Lince” ha sido un grajo blanco, una diana excepcional al que no nos tienen acostumbrados.

Actuando a la contra -como es costumbre entre los agitadores sociales-, la Comisión Permanente de Fiscales de la Moral, indaga noche y día entre los boletines oficiales, las normativas en trámite de aprobación y los anteproyectos de ley buscando donde colocar el escollo, el punto débil más apto para atentar contra un maltrecho Estado de Derecho incapaz de hacer frente a la forma más sutil de terrorismo que ha conocido el país en las últimas décadas.

Por tanto, a nadie ha sorprendido la campaña que prepara el Vaticano, a través del comando integrista “Conferencia Episcopal” que opera en nuestro país, que arremete una vez más contra la ciencia puesta al servicio de la enfermedad.

El argumento, en esta ocasión, se limita simple y llanamente a calificar de “inaceptables” las prácticas médicas conducentes a concebir hijos con el único propósito de salvar la vida de un hermano preexistente.

La respuesta, precipitada e irreflexiva, no pasa de ser una torpe zancadilla sin más pretensiones que “meter baza” y estorbar, a cualquier precio.

Y digo ésto porque, hasta el día de hoy, los bebés han sido concebidos por sus padres para curarse a sí mismos o a sus hermanos de ésta o aquélla enfermedad que les aquejaba.Que alguien aclare cuál es la diferencia.

Cuántos bebés no han venido al mundo para evitar que su hermano estuviese sólo.

Cuántos han sido concebidos como un intento de solventar una crisis de pareja, convencidos de que su venida paliaría las carencias afectivas entre los cónyuges.

Cuántos otros por simple presión social y familiar, porque “hay que tenerlos”.

O por el desenfreno sexual de sus progenitores, conocido popularmente como “por no sacarla a
tiempo”.

O con la premeditación de un plan de pensiones, a sabiendas de que los hijos constituyen un refugio fiable, llegada la vejez.

Y, en casos extremos, porque estamos persuadidos de que un Dios nos ordena superpoblar este mundo hasta que reviente en un espectacular Apocalipsis, con miles de millones de muertos levantándose de sus tumbas (el antídoto lo cubre la Seguridad Social)

Todos nacemos para paliar una enfermedad, una necesidad de alguien que formará parte de nuestro entorno más íntimo. Pero también es cierto que, casi desde el primer instante, la mayor parte de nosotros nos hemos sentido amados por quienes nos hicieron, independientemente de las causas que les motivaron.

Y esta justificación es tan válida y formal como cualquier otra, por mucho que estos filósofos de saldo quieran enredar la madeja con argumentos mas encuadrables en el ámbito de la parapsicología que en el firme sustrato de la lógica y la sensatez.

Pronto olvidan que lo que la Curia practica asiduamente y denomina, eufemísticamente ,“Solicitaciones”, no es sino la utilización de los niños como un medicamento. El remedio repugnante que mitiga temporalmente la enfermedad común de los sacerdotes católicos: aliviar los síntomas del putrefacto órgano en que la represión sexual convierte su pervertida sesera.

martes, 17 de marzo de 2009

Los Pro-abortistas se quedan sin habla.

Aunque la guerra se prevé aún larga y encarnizada, de justos es reconocer cuándo el contrincante obtiene una victoria. Y la "Batalla del Lince" la ha ganado La Iglesia Católica por K.O. técnico, psicológico y somático.

A quienes hace tiempo que nos decantamos por el tercer bando -el de la cautela y la moderación-, nos parece que de este golpe bajo propinado por el Vaticano directamente al bazo del PSOE puede derivarse un oportuno reequilibrio en el fiel de la balanza del contencioso abortista.

Lo peor, según para quién, de esta hábil maniobra publicitaria es que PARECE CIERTA. Carece de puntos débiles, atacables mediante la argumentación racional. El Intermedio, en La Sexta, lo ha intentado a través de comparativas y parodias aptos sólo para anticatólicos cerriles -como yo, por supuesto- pero no ha logrado socavar la lógica aplastante de la comparación. Que esta vez han dado en el clavo, vamos.

Matar, herir o capturar un lince, un tritón pirenaico, o mirar con ojitos golosos un matojo aromático en peligro de extracción, es valorado por el complejo entramado de la "legislación vigente" como un hecho punible que puede terminar en presidio.

Sometido incuso a la Ley actual en vías de "ensanchamiento", destruir un embrión humano con varios meses de vida (14 semanas son 3 meses y medio) y un correcto desarrollo biológico, precisa únicamente de un informe médico certificando que causa un desorden psicológico en la embarazada.

El talón de aquiles de la posición proabortista estriba, precisamente, en la línea imaginaria que se empeñan en establecer entre embrión y ser humano. En el caso del canguro, también mamífero, la cría "nace" a partir del día 28 de la fecundación. En realidad, se trata de un minúsculo feto en un estadio primario de gestación, pero genéticamente programado para escalar hasta la bolsa marsupial, donde se engachará a uno de los cuatro pezones y permanecerá los próximos cinco o seis meses, hasta alcanzar el grado de desarrollo que, en la mayor parte de los mamíferos, coincide con el momento del parto.

Los meses empleados en la gestación de los humanos y la definición de la criatura en desarrollo se determina por los intereses biológicos de la especie. Lo que resulta evidente es que, si no se interviene en el proceso, el resultado es un individuo idéntico a los individuos que lo concibieron.

Ni que decir tiene que el papel que juega la Iglesia Católica es más político que filantrópico. La eterna Hermanita tonta y malcriada a la que es imposible conformar, una Bruja de Blancanieves cuya inquina sólo es aplacada si todo bicho viviente la reconoce como la más hermosa y loable del mundo mundial.

El único objetivo de esos ocho millones de trípticos, el de ahora, de antes y de siempre, es debilitar -cuando no lograr el derrocamiento- del Gobierno del país.


En Africa no hay linces.

De unos pocos de cientos de miles de fieles en el continente Africano, en menos de cincuenta años El Vaticano ha logrado 140 millones de adeptos, con los que está nutriendo los envejecidos conventos del Primer Mundo. Cantidad que podría ser mucho mayor si sumásemos el espantoso número de asesinatos derivados de la campaña anti-preservativo que el Catolicismo está haciendo triunfar entre la muchedumbre ignorante y desesperada que obedece ciegamente sus dogmas.

Están perdiendo Europa a pasos agigantados, pero ya están reuniendo un inmenso rebaño en Africa. Un rebaño que aún tardará décadas en percatarse del chantaje emocional, de la estafa social de que están siendo objeto.
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