jueves, 2 de julio de 2009

¿Quién lava más blanco?

Habrá quien opine que la tengo tomada con la Iglesia Católica, que se ha convertido en una obsesión que no me permite ocuparme de otros menesteres. Pues se equivoca. Lo que ocurre es que todos los caminos, más pronto que tarde, acaban llegando a Roma. Así que, a mí que me registren, las reclamaciones a la Dirección General de Carreteras del Estado.

El caso es que estaba recabando información en la Encarta sobre las técnicas de lavado de cerebro de masas para un artículo que tenía en mientes, cuando sonó el teléfono. Acostumbro a leer los titulares del correo electrónico y las múltiples suscripciones en tanto hablo, de forma que mientras el consciente atiende al interlocutor, el subconsciente efectúa un barrido de los signos que pueblan la pantalla del ordenador. Y no tengo ni idea de lo que hace con los datos que obtiene, si es que obtiene alguno.

Pinché una suscripción al azar, se abrió un texto, y el susodicho hizo automáticamente lo propio, sin comunicarme resultado alguno. Acabada la conversación, seguí leyendo sobre sugestión, conductas influenciables, programación mental de masas, métodos de control social, propagandismo de Estado, etc. En el artículo que preparaba, pretendía sacudirle fuerte a Zapatero y su peculiar dialéctica plagada de trampas y trucos de prestidigitador, donde el cambio de tercio imprevisto, la destreza con el lenguaje y la inserción de palabras-clave son una de sus mejores bazas.

En ello estaba, cuando al cambiar de pantalla para comprobar un dato escurridizo, apareció el texto que había abierto durante la conversación telefónica. El subconsciente reemplazó en ese momento al consciente, y ésto fue lo que ví:

"El verdadero progreso del mundo

Fuente: Homilía de Benedicto XVI al clausurar el Año Paulino
Autor: SS Benedicto XVI

La valentía es necesaria para unirse a la fe de la Iglesia, incluso si ésta contradice al "esquema" del mundo contemporáneo. A esta falta de conformismo de la fe Pablo llama una "fe adulta". Califica en cambio como infantil el hecho de correr detrás de los vientos y de las corrientes del tiempo. De este modo forma parte de la fe adulta, por ejemplo, comprometerse con la inviolabilidad de la vida humana desde el primer momento de su concepción, oponiéndose con ello de forma radical al principio de la violencia, precisamente en defensa de las criaturas humanas más vulnerables.

Forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenado por el Creador, reestablecido nuevamente por Cristo. La fe adulta no se deja transportar de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los vientos de la moda. Sabe que estos vientos no son el soplo del Espíritu Santo; sabe que el Espíritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesucristo. Pero Pablo no se detiene en la negación, sino que nos lleva hacia el gran "sí".

La caridad es la prueba de la
verdad

Describe la fe madura, realmente adulta de forma positiva con la expresión: "actuar según la
verdad en la caridad" (cfr Efesios 4, 15). El nuevo modo de pensar, que nos ofrece la fe, se desarrolla primero hacia la verdad. El poder del mal es la mentira. El poder de la fe, el poder de Dios, es la verdad. La verdad sobre el mundo y sobre nosotros mismos se hace visible cuando miramos a Dios. Y Dios se nos hace visible en el rostro de Jesucristo. Al contemplar a reconocemos algo más: verdad y caridad son inseparables. En Dios, ambas son una sola cosa: es precisamente ésta la esencia de Dios. Por este motivo, para los cristianos verdad y caridad van unidas. La caridad es la prueba de la verdad. Siempre seremos constantemente medidos según este criterio: que la verdad se transforme en caridad para ser verdaderos.

Otro pensamiento importante aparece en el versículo de san Pablo. El apóstol nos dice que, actuando según la
verdad en la caridad, contribuimos a hacer que el todo -el universo- crezca hacia Cristo. Pablo, en virtud de su fe, no se interesa sólo por nuestra personal rectitud o por el crecimiento de la Iglesia. Él se interesa por el universo: "ta pánta". La finalidad última de la obra de Cristo es el universo -la transformación del universo, de todo el mundo humano, de la entera creación. Quien junto con Cristo sirve a la verdad en la caridad, contribuye al verdadero progreso del mundo. Sí, es completamente claro que Pablo conoce la idea del progreso. Cristo, su vivir, sufrir y resucitar, ha sido el verdadero gran salto del progreso para la humanidad, para el mundo. Ahora, en cambio, el universo tiene que crecer hacia Él. Donde aumenta la presencia de Cristo, allí está el verdadero progreso del mundo. Allí el hombre se hace nuevo y así se transforma en nuevo mundo.

La razón iluminada desde el corazón


...El hombre interior tiene que reforzarse -es un imperativo muy apropiado para nuestro tiempo en el que los hombres a menudo permanecen interiormente vacíos y por lo tanto tienen que aferrarse a promesas y narcóticos, que después tienen como consecuencia un ulterior crecimiento del sentido de vacío en su interior. El vacío interior -la debilidad del hombre interior- es uno de los más grandes problemas de nuestro tiempo. Tiene que reforzarse la interioridad -la perspectiva del corazón; la capacidad de ver y comprender el mundo y el hombre desde dentro, con el corazón. Tenemos necesidad de una razón iluminada desde el corazón, para aprender a actuar según la
verdad en la caridad. Pero esto no se realiza sin una íntima relación con Dios, sin la vida de oración. Tenemos necesidad del encuentro con Dios, que se nos ofrece en los sacramentos. Y no podemos hablar a Dios en la oración, sino le dejamos que hable antes Él mismo, si no le escuchamos en la palabra que Él nos ha donado.

Oremos al Señor para que nos ayude a reconocer algo de la enormidad de su amor. Oremos para que su amor y su
verdad toquen nuestro corazón. Pidamos que Cristo viva en nuestros corazones y nos haga ser hombres nuevos, que actúan según la verdad en la caridad. Amen."

Una cadena de explicaciones e informaciones no contrastadas, tan sólo la credibilidad del ponente da fé de certeza. Éste, no obstante, no baja la guardia, y tras los primeros párrafos orientados a relajar al lector, ataca frontalmente los receptores subliminales del cerebro con el par Cristo/Verdad, utilizando la técnica de la repetición hasta que la información sea aceptada como cierta.

En los últimos párrafos, los términos-clave disminuyen su profusión para despedir al lector en un estado anímico similar, en apariencia, al inicial. La nueva información está incorporada a la memoria, y su veracidad ha quedado fuera de toda duda al haber sido vinculada al concepto "verdad", por lo que el cerebro descarta automáticamente someterla a discernimiento.

Otro vocablo repetido hasta en cinco ocasiones es "corazón", llamando el ponente continuamente a "ver con el corazón". Se pretende con ésto que el oyente ignore o considere como engañosas las valoraciones contrarias al discurso que puedan llegarle desde los sentidos o la lógica, dejándose llevar definitivamente por la "creencia" o fé ciega en las conclusiones del líder.

Se trata, en suma, de una simple operación de "mantenimiento" de un lavado de cerebro previo. Pues ya sabemos para qué siven las Encíclicas y Homilías. Y el discurso de Nochebuena del Rey.

Mañana, hablaremos del Gobierno...
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