viernes, 22 de octubre de 2010

El mundo será un lugar mejor el día que asumamos la tarea que hoy tenemos delegada en los dioses: juzgarnos severamente a nosotros mismos. Sólo entonces podremos traer hijos al mundo sin preguntarnos "¿qué he hecho?".
Philip Kargan Stoiber

martes, 19 de octubre de 2010

La importancia de llamarse Demetrio.

Fuente: Agencia EFE
Me admira particularmente el valor estético e implícitamente documental de esta fotografía, que ví por primera vez en La Calleja de las Flores.

La familiaridad puede resultar engañosa, pero sostengo contra todo sentido común que no son pocas las ocasiones en las que el nombre determina qué hacemos o decimos, máxime si portamos nombres inusuales, tan infrecuentes que podrían ser tomados por mote.


A qué extrañarse pues, si un curiano de nombre Demetrio debuta proponiendo el destierro del adjetivo "Mezquita" de la nomenclatura pública de la muy humilde y desgarbada catedral cordobesa. A Pepe, antecesor suyo en el cargo, ni se le pasó por las mientes tal innovación, y estoy en condiciones de apostar que debe su carácter limado y cauteloso justo a su nombre, Pepe.


El refranero popular sale en defensa de esta teoría. Por ejemplo, "eres más tonto que Abundio" no gozaría del su popularidad si el inventor de la máxima hubiese resuelto el entuerto, por ejemplo, con "eres más tonto que Antonio". Nada que ver.


Dialogando tales suposiciones y echando mano de un antiguo complemento del mencionado refrán, obsérvese la ganancia en riqueza descriptiva que puede apreciarse en los resultados:


Diálogo:


- Oye, eres más tonto que Demetrio.
- Querrás decir "más tonto que Abundio".
- Ya... es que tú no conoces a Demetrio.


La originalidad y riqueza de matices proporcionada por el uso de nombres distinguidos se evidencia en este ejemplo.


Pero no siempre portar un nombre oligárquico acarrea uniformidad en los criterios. Mientras un "Demetrio" se decanta por pedirle peras al olmo, un "Pío" -nombre harto infrecuente igualmente-, en este caso Pío Baroja, opta claramente por lo contrario. Obsérvese para ello diversos párrafos extraidos de su novela "La feria de los discretos", que transcurre íntegramente en Córdoba:


- "Sin advertirlo, Quintín se acercó a la Mezquita y se encontró ante el muro, frente a un altar con un sotechado de madera y unas rejas adornadas con tiestos de flores."

- "Callejeando, distraído, Quintín se acercó a la Mezquita; sus muros se alzaban sombríos y ne­gros como los de una fortaleza; sobre el dente­llado de sus almenas la luna corría vertiginosa­mente, en el fondo azul, velado, del cielo."

- "¿A que usted que sabe tanto, don Gil, no sabe lo que dijo ese obispo italiano cuando estuvo a ver la Mezquita? ― dijo Currito."


- "Un caso de catástrofe económica era el de un señor que paseaba todas las mañanas por los ar­cos de la Mezquita. Este señor vestía como un currutaco de otros tiempos: levita entallada, cor­bata negra..."


- "Quintín trató de buscar la salvación en las piernas, y echó á correr como un gamo; salió frente á la Mezquita, bajó por el Triunfo, atrave­só la Puerta Romana, y siguió por el puente hasta..."


- "Desde allá se veía la cate­dral y el muro negro de la Mezquita, que cortaba con sus almenas la claridad suave del cielo."


- "...la cam­pana de la catedral parecía contestarlas, retum­bando fuertemente..."


- "las palomas se dejaban caer desde el tejado de la catedral, y volaban dulcemente por el aire azul y luminoso."


- "Daban las ocho en el reloj de la catedral, cuando apareció el bandido ga­teando en dirección de la guardilla."


- "la torre de la catedral apareció muy blanca en el cielo azul obscuro... Pasaron por delante de..."


- "...sobre estos paredones amarillentos pe­saba la cúpula negra de la catedral y se erguía graciosa la torre, brillante de sol, con un ángel en la punta..."


Por ejemplo.


Pío, Pío Baroja, tan pío y forastero en la ciudad como Demetrio Fernández pero con una inteligencia social y capacidad de observación visiblemente más desarrolladas, sienta cátedra en la disyuntiva planteada por éste último:


La catedral se distingue por su reloj, su torre con su campana, su cúpula negra; la Mezquita por sus arcos y sus almenas, y todo lo que no es catedral, que es casi todo. Y si aún le cabe alguna duda, pruebe a instalar su turístico espectáculo de luz fuera del bosque de columnas califales, en el recinto de la católica e invasora catedral, para así igualar la recolecta de euros con la de tomates.


Para sembrar discordia, nada como llamarse Demetrio.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Que el Capitalismo acceda a considerarla como un derecho del empleado, es el síntoma más evidente del carácter inofensivo de la huelga.
Philip Kargan Stoiber

Yo y los exoplanetas

Image courtesy L. Calçada, ESO
Uno no suele ser consciente de lo que tiene, hasta que lo pierde. En tal sentido, nuestro planeta viene a ser un auténtico grajo blanco en el Universo. Lo sé porque lo sé, como dijo el otro. No es que sea único, pero sí es, probablemente, uno de los pocos. Acertaríamos al considerarlo como encontrar la pareja perfecta, la que reune todas y cada una de las condiciones que anhelamos o precisamos para considerarnos, si no completa, sí muy razonablemente felices.

Los científicos del ramo nos han sorprendido en días pasados asegurando el hallazgo de un planeta cuyo tamaño es el tripe del nuestro, pero que denota, ya de lejos, unas características personales remotamente parecidas a la Tierra. Y sin embargo, no gira, que habría dicho Galileo. Es decir, se trataría de un mundo achicharrado por una cara, que siempre muestra a su sol, y helado por la otra, lo que dejaría una estrecha franja de tierra que podríamos tomar por habitable desde el punto de vista terráqueo.

Sería un lugar sin atardeceres, lo que, ya de entrada, excluiría a los poetas. Los aventureros sólo tendrían una dirección para dar la vuelta al mundo. No funcionarían los relojes de sol, y éste acabaría pareciéndonos el ojo del Gran Hermano de George Orwell. Y nuestro peso sería el triple de aquel al que estamos habituados, por lo que nos veríamos obligados a ver mucha más tele.

Pequeños inconvenientes que, ya para empezar, lo convierten en un lugar poco recomendable si hay donde elegir.

Otros candidatos sí gozan de rotación propia, pero a velocidades que lo hacen parecer una peonza, o su reducido tamaño no permite la retención de atmósfera, o su estadio geológico es muy primitivo y la cosa está que arde, o se le ha pasado el arroz y su piel es árida e improductiva, o se encuentran demasiado cerca, o demasiado lejos de su estrella. O ésta es excesivamente grande, o muy pequeña, o el tipo de radiación que emite perjudicaría incluso al mismísmo Camps... Todo ésto, en la Tierra, es impensable.


Así que echamos una ojeada a nuestro alrededor, y nos alegramos de que el día tenga 24 horas, aunque a algunos nos vengan cortas. Y que las temperaturas medias oscilen sólo 30 grados centígrados. Y que su órbita elíptica y la inclinación de su eje nos proporcione hermosas primaveras y estimulantes inviernos. Y que la misma Tierra nos haya constituido de forma tal que podamos habitarla, olerla, comerla y beberla a placer. Es como si un perro se hubiese proporcionado sus propias garrapatas.

No ha sido, por parte de la Tierra, una decisión acertada. Pero así es. Gaia siempre peca de confiada, de buenaza, y a mí se me antoja más bien parca de entendederas y escasamente previsora. Tontorrona, por hacerse de huéspedes tan desagradecidos.

En este pequeño oasis del Cosmos, no se nos ha ocurrido nada mejor para pasar el rato que inventar Wall Street, el Tamagotchi, Windows Vista, el fuego, Margaret Tatcher y Ronald Reagan, las revoluciones populares marxistas, el tabaco, el golf, la hipoteca, el chicle, la religión, la caza deportiva, el Farmville, el aceite hidrogenado, Auschwitz, el crinoline, el spam, el gas mostaza y el agente naranja, facebook, el Jubileo, el segway, la silla eléctrica, Paulo Cohelo y su "Manual del guerrero de la luz", el Título VIII de la Constitución, el perrito pekinés, las bocas de garaje, la heroína, el espectáculo multimedia de la Mezquita de Córdoba, el Euro, el ku klux klan, la gastronomía molecular, Pluto Nash, el Hummer y la tauromaquia.

Sobre éstas y otras banalidades por el estilo meditaba hace unos días. Concretamente la noche del 28 de septiembre. Había asegurado por la mañana que no secundaría la huelga del día siguiente, y mi decisión continuó inamovible hasta ese momento.¿Motivos? los ya conocidos. Los sindicatos vendidos, el paro general convocado con meses o años de retraso, el posible complot de los inteliagentes sociales en una operación programada de marketing político con lavado y aclarado, y toda la ristra de tópicos que iban a convertir al día 29 en el Día Mundial de la Silicona, y poco más.

La certeza sobre el desarrollo del día siguiente seguía ahí. Pero me imaginé en la cola del paro, sin perspectivas, y a José Luis Rodríguez Zapatero gobernando la estrecha franja habitable del exoplaneta a golpe de sms de Ángela Merkel que siempre comenzaban con un "ahr tnes ke rcrtar...". Y entendí que, a pesar de los pesares, había que ponerse en marcha. O no ponerse, mejor dicho.

Así que azuzé mis oxidados efluvios revolucionarios, y el día 29 me desperté a las diez de la mañana, con once horas dormidas como un bendito. Y me duché. Y me perfumé con O'Dshudor Dobrero sintético. Y a las doce entraba en la manifestación callejera, techada de pancartas rojas y blancas como un panfleto de electrodomésticos. Y me tropecé con cuatro gatos conocidos, a los que me uní. Y no coreé eslogan alguno porque hace una eternidad que no me quedan eslóganes creíbles. Me dejé la fe y la ideología en casa, y asumí mi condición transitoria de bulto entre los bultos. Llegados al lugar de reunión, una voz oronda, animosa y amplificada dice "Bieeenvenidos...". Joder, Miguel Ríos ahora, no...

Discursos sucesivos, soflamas proletarias y trasnochadas. Mejor hago bromas con las muchas frases que lo permiten y me río de mi sombra; todo por no subir al estrado y sacudirle al aprendiz de Che de los Pedroches que se dirige a la escasa multitud como si se dispusiera a tomar la Bastilla.

La revolución acabó abruptamente. Con las convicciones deshilachadas y más bien pocas ganas de quedarse ni un cuarto de hora más para una cerveza, se van enrrollando las pancartas y cada mochuelo enfila el camino a su olivo.Apuesto a que en un futuro lejano, los participantes del 29S seremos beatificados civilmente, como corresponde a quienes sacrificaron todo lo que, por término medio, hoy día cualquiera está dispuesto a sacrificar por sus creencias y la justicia. Cien euros y un día de cotización a la seguridad social; y a la mayoría les pareció un precio excesivo.

Ése fue el día de los falsos motivos. Y es que, a fuerza de ser engañados, estamos aprendiendo a engañarnos a nosotros mismos.

lunes, 4 de octubre de 2010

Solventar errores fortuitos producidos por el "Genuine windows advantage" de windows 7

Aunque estoy seguro que todos utilizamos en nuestro ordenadores software original o de licencia libre, Microsoft proporciona, de imprevisto y junto con grupos de actualizaciones importantes para el sistema operativo, un pequeño programa -llamado familiarmente WGA- encargado de determinar si nuestro proveedor nos ha tomado el pelo vendiéndonos un producto de los conocidos como "pirata".

En el caso de Windows 7, si el WGA cree haber detectado una copia ilegal, detona un desactivador del fondo de pantalla y, en adelante y para el resto de la vida, el usuario se encontrará cada pocos minutos con un recordatorio emergente que le avisa de que ha sido vilmente estafado.

Nuestro ordenadores distan mucho de ser las máquinas infalibles descritas en las novelas de ciencia ficción, por lo que WGA, en ocasiones, yerra el tiro y nos coloca el sambenito de piratuelos sin corazón, y allá que nos condena a soportar los molestos avisos y un fondo de pantalla negro como boca de lobo, a perpetuidad.

Mientras avisamos a la empresa distribuidora y nos reintegran nuestro dinero o, como debe ser, nos proporcionan una copia legal del sistema operativo, pueden pasar varios días o semanas, por lo que los chicos de Taringa han arbitrado una solución provisional que, si actuamos de mala fe, podría convertirse en definitiva, pero que estoy seguro que no ocurrirá así.

Así que, si padeces ese problema y entretanto recibes la copia legal...


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