lunes, 29 de marzo de 2010

Semana agnóstica

Estaría bien complementar la tradicional semana santa con una semana agnóstica. Cuestión de equilibrio. Una manifestación callejera de hermanamiento de todos aquéllos que no sabemos, de los que no creemos a los monseñores y monseñoras, iluminados u opacas, que habiendo llegado a este planeta por el mismo sitio y percibiendo las cosas con idénticos sentidos a los nuestros, presumen de conchabeo y confidencias con los habitantes del más allá, o tener en favoritos el número de móvil de Dios.

Si estuviese en mi mano, pasearía en procesión una gigantesca interrogación, símbolo del reconocimiento de la propia ignorancia y desconfianza hacia quienes no admiten la suya.

Nosotros, ese resto de seres apagados -o faltos de luz-, seres mayoritariamente pacíficos que de ninguna manera nos apodaríamos o actuaríamos como atilas, pues no es la guerra lo que nos llama; que tememos dogmatizar porque la mentira y la superstición tienen las patas muy cortas; que dirigimos nuestras vidas por el camino más incómodo, el de la duda, que rechazamos la doctrina del clavo ardiendo y lo pagamos en paz interior contante y sonante; nosotros, seres apagados que, a pesar de la ausencia de la anhelada proyección inmortal con que nos levantamos cada mañana, aún así rehusamos alienarnos voluntariamente siguiendo cerrilmente a otros que dicen conocer lo que ignoramos, pero que se desmienten a sí mismos con cada uno de sus pasos; nosotros que, a cuestas con nuestra pobre filosofía, no desesperamos ni nos lanzamos a la existencia de cualquier manera, a pesar de cómo somos difamados y calumniados por los iluminados.

Por todo ésto y algo más que a buen seguro olvido, estaría bien presumir de una gigantesca interrogación como guía y símbolo de cómo no nos sentimos, aunque nuestro número sea escaso, insignificante.

Al fin y al cabo, ¿cuántos simios bajaron por primera vez del árbol?

Otro premio para Haminatur Haidar

En esta ocasión, el galardón ha venido de la mano de la Unión de Actores. En realidad, el premio principal propiamente dicho ha sido otorgado a la actriz Aurora Bautista, recayendo sobre la Sra. Haidar la llamada Mención Especial Mujeres en Unión, como "reconocimiento a su activismo pro indepedencia del Sahara", ha especificado la Comisión de la Mujer de la Unión de Actores.

Oportuna y necesaria aclaración.

Un cerebro afortunadamente fugado

Se trata de uno de esos cerebros españoles que Zapatero sueña con atraer con su ideario para convertir en algo atractivo el ejercicio de la ciencia en España: Francisco Ayala, un científico integral que lleva medio siglo ejerciendo su profesión en EEUU y que acaba de recibir el premio Templeton, que se otorga a quien se estima ha contribuido a reducir el abismo entre ciencia y religión.

En su caso, ésto es posible debido a que, además de Fisico, Biólogo y Genetista, Ayala es Teólogo y fue Dominico. Cinco campos diversos que conjugados con las dosis necesarias de sensatez y honestidad, le han convertido en un científico que, aunque probablemente creyente, distingue clara e inteligentemente aquello que puede ser atribuido a fuerzas sobrenaturales, y lo que se explica llanamente con la ciencia actual y la que progresivamente vaya incorporándose al conocimiento humano.

Entrevistado por la cadena de Tv. CNN, Ayala aseguró sin ningún género de dudas que tanto el Creacionismo como el supuesto del Diseño Inteligente se encuentran actualmente totalmente desacreditadas ante la avalancha de pruebas irrefutables que hace ya tiempo dio el empujón definitivo a la Evolución de las Especies, señalando a Darwin como el verdadero artífice de las ciencias naturales actuales.

Aunque Ayala no descarta la mano de un creador en un primer instante de génesis, se muestra seguro al afirmar que a partir de ahí el universo se ha configurado según sus propias leyes, exentas de toda influencia sobrenatural.

Si los Templeton fueron ideados para salvar la cara de la religión frente a la ciencia, en este caso parece que han pinchado en hueso.

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