lunes, 13 de abril de 2009

Un clavo, dos clavos, tres clavos...

Me he estado flasheando durante un rato largo, casi sin darme cuenta, con una serie de vídeos e imágenes durante mi periplo trimestral por las páginas que frecuento. Será por los días que han sido, que casi en su totalidad versan sobre escenas semanasantinas de la más variada índole, para mi gusto todas rocambolescas.

Pero al margen del gusto propio, me asaltan a mano armada las paradojas a que dan lugar.

¿Porqué el Ejército es católico? ¿Puede un supuesto "Cristo de Amor" sentirse cómodo a lomos de un pelotón de legionarios que han firmado en su contrato de trabajo cláusulas que implican matar sin piedad so pretexto de defender, en Su Nombre, un trozo de tierra?

¿Es ético que la Iglesia haga el papel de defensora a ultranza de toda forma de vida, e infiltrar al mismo tiempo capellanes en el Ministerio de la Guerra? ¿Es la función de éstos animar a los altos mandos a perdonar a sus enemigos, a instruir sobre el horror que supone toda guerra, a fin de evitarlas? Y, si así fuese ¿consentiría el Ejército un equipo de desmoralizadores entre sus filas? Va a ser que no.

¿Cómo puede defender la Iglesia que la homosexualidad es un trastorno del comportamiento, y aceptar como mentalmente saludable prácticas como auto azotarse con un mazo de sogas, dejarse momificar con cordajes, desfilar descalzo en procesión (aunque hay quien opina que el auténtico suplicio consiste en hacerlo con tacones altos) y un largo etcétera de formas de infringirse dolor a uno mismo?. Cuando uno, en todo su derecho, se harta de vivir con tan chalado vecindario y decide volarse la cabeza en pleno uso de su libertad y facultades intelectuales -cosa que dura una insignificante fracción de segundo- le dicen que ha cometido un pecado mortal y que se va al infierno hasta con zapatos.

De hecho, Benedicto ha condenado de todo y a todos, excepto las prácticas sádicas y masoquistas. O se le ha pasado por alto con tanta prohibición pendiente, o miedo le da mirarse el ombligo.

Sólo yo sé hasta qué punto me la trae al pairo que estos desequilibrados se destrocen las ingles con alicates del 38, pero no deja de ser una paradoja. Sin embargo, tengo mis teorías. Y para no darle muchas vueltas, estoy convencido de que se han visto catorce veces seguidas Historia de O. Que me da la espina que las pajas que se mercan no sólo son mentales, que más de uno de estos pasantes tiene callos en las manos, y no es de cavar el huerto, no señor. Que lo del espíritu de sacrificio y la pasión empieza a sonar a chufla, y aquí hay gato encerrado.

Para ésto tengo buen olfato, y de casta le viene al galgo, que fue mi abuela quién tiró de la sábana del fantasma que, día sí y día no, a partir de las 12 o'clock aterrorizaba con su farol al vecindario, sólo para descubrir la poco original historia del cura abnegado y la viuda desconsolada. En "La Casa Paso", creo recordar, por más señas.

Detrás de muchos misterios y divina devoción, suele haber un santón tras la estela del "amor humano".
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