martes, 11 de mayo de 2010

El Abuelo Capital.

El Capitalismo es ya un señor mayor, con sus vicios irrenunciables y sus manías. Con el paso de los años, sus nietos los yuppies y tiburones de la Bolsa le han cogido de tal manera el tranquillo que hacen con el abuelo lo que quieren, le sacan las tiras del pellejo y a este paso no van a dejar un dólar para la herencia.

En occidente ya todo es viejo y manido, todos los secretos están desvelados y cualquiera puede ponernos boca abajo día sí y día no, siempre que le apetezca o le convenga.

Una coma, un cero o la salsa de un perrito caliente chorreando sobre el teclado de un ordenador en Wall Street pone el mundo a parir y los países más sólidos se tambalean. En pocas horas surgen las contramedidas para frenar el kepchup especulador y los salarios se estacionan o bajan, las pensiones se vuelven dubitativas y las agencias califican y descalifican a toche y moche.

El Abuelo Capitalismo chochea irreversiblemente pero sus traviesos nietecillos saben que de eutanasia, nada, que aún queda mucho jugo por extraerle al viejo, que se pasa el día entre cabezada y cabezada, inútil en su silla de ruedas y su mantita cubriéndole las piernas, no vaya a coger un enfriamiento de lo más tonto y la palme sin más.

Con mi dinero, le compran al anciano chuches y mascarillas de oxígeno, y sintrón, y café a cada hora para que se mantenga espabilado lo justo para firmar los cheques al portador. Él, entretanto, vive del recuerdo de sus batallitas y glorias olvidadas, mantenido por sus nietos en la ilusión de que está hecho un chaval, que por él no pasan los años y que se le ve mejor que nunca.

Será porque los moribundos no perciben su propio olor.

Dios los junta, y el SAS los cría.

Fernando y Nerea están pletóricos. Al fin, su proyecto de vida en común va a dar sus frutos, gracias a la humanidad y apoyo incondicional de las instituciones sanitarias y penitenciarias, al unísono, que se han propuesto regalar a esta entrañable pareja un balón de felicidad encarnado en un bebé que, probablemente, reunirá en su ser lo mejor de ambos progenitores.

Es de esperar que una vez producida la ansiada fecundación, tanto los futuros papás como el Estado Democrático y la Administración de Justicia en general, reciban la enhorabuena de buena parte de la ciudadanía y de los familiares y allegados a las cuatro personas que hubieron de ser enviadas a mejor vida durante el normal desempeño de las funciones de Fernando y Nerea en su anterior profesión, empleo éste que hubieron de abandonar por fuerzas mayores.

Detalles como éste son los que convierten en auténtico un sistema de libertades.
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