miércoles, 27 de enero de 2010

Comentario de Texto

Incorporo un texto que definiría como algo más que curioso. Grandilocuente y escasamente afecto a la realidad, en él pueden ubicarse ejemplos sublimes de la práctica totalidad de las figuras literarias y recursos retóricos conocidos y, algunos otros, que pueden resultar realmente novedosos y dignos de consideración, componiendo un conjunto de proposiciones etéreas que, aunque endogámicas y débilmente cimentadas, exhalan un vigor, fulgor y color merecedor de loor, invitando a incorporarlo a los anales de las más serenas y logradas diabribas.



Fuente original http://revistaecclesia.com Ecclesia Digital


MONSEÑOR JUAN JOSÉ ASENJO:

APERTURA DEL PROCESO DE CANONIZACIÓN

DE LOS MARTIRES DE LA PERSECUCIÓN

RELIGIOSA EN CORDOBA

Catedral, 16, I, 2010

Mons. Juan José Asenjo: apertura proceso canonización mártires de la persecución religiosa en Córdoba

1. Alabemos a Dios que es admirable siempre en sus santos. Con estas palabras, prestadas de la liturgia, inicio esta intervención conclusiva, con la que doy las más rendidas gracias a Dios que, en los compases finales de mi servicio a la Diócesis de Córdoba, me concede el privilegio de abrir solemnemente la fase diocesana de la Causa de Canonización de 132 mártires de la persecución religiosa en nuestra Diócesis en la primera mitad del siglo XX. Os confieso que era una aspiración largamente soñada desde los primeros meses de mi servicio a esta Iglesia particular. Me parecía un acto de justicia exhumar su memoria y poner sobre el candelero de la Iglesia la fidelidad heroica de estos cristianos, que prefirieron renunciar a la vida antes que traicionar a Jesucristo.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
+ Juan José Asenjo Pelegrina

2. Como nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica, desde tiempo inmemorial la Iglesia, “con el más exquisito cuidado, … ha recogido los recuerdos de quienes llegaron hasta el extremo para dar testimonio de su fe” (n. 2474). Por ello, con el fin de conservar piadosamente la memoria de estos testigos de la verdad, de la firmeza en la fe, de la caridad y del amor más grande, un amor que cuando es conocido, atrae, convierte y salva, me parecía urgente recoger los testimonios sobre sus epopeyas martiriales. Con esta finalidad, me adelanté al acto que hoy celebramos, constituyendo un Tribunal “ne pereant probationes” en julio del año 2006, con el fin de que no se perdiesen los testimonios de aquellas personas que pudieran aportar datos relevantes para el buen fin de esta Causa. A Dios nuestro Señor, que nos ha acompañado con su gracia a lo largo de cerca de cuatro años de trabajo preparatorio; a Él que robustece con la fuerza de su gracia nuestra fragilidad y que sostuvo a los mártires para confesar su fe con valentía, le damos gracias en esta mañana y lo bendecimos como "corona de los mártires, de los confesores y de las vírgenes ".

3. En mi carta pastoral de 8 de septiembre de 2005, con motivo del XVII Centenario de los mártires de Córdoba, recordaba a los santos Acisclo y Victoria, Fausto, Genaro, Marcial y Zoilo y a los demás mártires de la época romana; a los testigos de la fe de la época mozárabe, cuyas reliquias se guardan con amor en la Basílica Parroquia de San Pedro de la ciudad de Córdoba; a los misioneros mártires Santo Domingo Henares y el Beato Nicolás María Alberca, y a nuestros mártires del siglo XX ya beatificados por la Iglesia, la Beata Victoria Díez, el Beato José María Peris, el Beato José Mora Velasco, presbítero, de la Orden Hospitalaria, y las escolapias Beatas María de la Iglesia Varo y María Luisa Girón Romera. Desde el 28 de octubre de 2007, fecha de su beatificación, podemos añadir a esta nómina esplendorosa a los siete mártires franciscanos de Fuente Obejuna, a los sacerdotes salesianos Antonio Torrero Luque, Antonio Mohedano Larriva, Antonio Fernández Camacho y Miguel Molina de la Torre, y a tres miembros destacados de la familia salesiana, el sacerdote diocesano Antonio María Rodríguez Blanco y los laicos Teresa Cejudo y Bartolomé Blanco Márquez. Todos ellos son honra y prez de nuestra Iglesia particular, la tradición más gloriosa de la historia de nuestra Diócesis. Ellos son el paradigma de lo que debe ser una vida cristiana piadosa y santa, generosa, consecuente y fiel. Ellos, junto con los demás santos cordobeses de todas las épocas, constituyen nuestro patrimonio más preciado, un auténtico patrimonio de santidad, como los denominara Manuel Nieto Cumplido en una de sus obras más conocidas.

4. A este elenco glorioso se sumarán, si Dios quiere y si la Iglesia lo juzga oportuno, los ciento treinta y dos mártires que forman parte de la Causa que hoy abrimos solemnemente, encabezados por el sacerdote Juan Elías Medina y ochenta y dos compañeros sacerdotes, seis seminaristas, cuatro religiosos y treinta y nueve seglares. Varios de ellos estuvieron unidos en vida por diversas relaciones. Contamos entre ellos ocho parejas de hermanos, dos hermanos seminaristas de Puente Genil; tíos y sobrinos; una madre y dos hijas, varias primas; y dos parejas de esposos. Entre ellos se incluye también a Baltasar Torrero Béjar, padre del sacerdote salesiano Antonio Torrero Luque, beatificado el 28 de octubre de 2007. Las profesiones de los seglares fueron de lo más variado: algunos eran sacristanes, uno notario, una farmacéutica, varios agricultores y un pequeño comerciante de libros y objetos religiosos. La mayoría pertenecían a la Adoración Nocturna o a la Acción Católica y todos fueron martirizados por su condición de cristianos fervientes. El más joven, Antonio Gaitán Perabad, fue martirizado en El Carpio, su pueblo natal, cuando le faltaban seis días para cumplir dieciséis años; mientras la más anciana fue la religiosa Hija del Patrocinio de María, María del Consuelo González Rodríguez, martirizada en Baena, a los ochenta y seis años. Todos ellos murieron perdonando a sus verdugos y fueron muchos a los que se les ofreció la libertad a cambio de apostatar de su fe, resistiendo los halagos de quienes les juzgaban.

5 Quiero subrayar expresamente que los trabajos preparatorios ya concluidos y la nueva y decisiva fase diocesana de la Causa que hoy iniciamos es una iniciativa exclusivamente religiosa y eclesial. Que nadie vea en ella otra intención. Con ella, no buscamos reabrir viejas heridas, pues no existen cuentas pendientes de quienes murieron perdonando a sus ejecutores. Sólo pretendemos cumplir un deber de justicia y gratitud, honrar a nuestros mártires y dar a conocer a toda la Iglesia el heroísmo y la fortaleza de quienes murieron por amor a Jesucristo y mostrar a los cristianos de hoy el testimonio martirial de su vida cristiana vivida hasta sus últimas consecuencias. Efectivamente, todos ellos son modelos y testigos del amor más grande, pues fueron cristianos de profunda vida interior, devotos de la Eucaristía y de la Santísima Virgen; vivieron cerca de los pobres y fueron apóstoles convincentes de Jesucristo. En las penosísimas circunstancias que acabaron con su vida terrena, mientras les fue posible, se alimentaron con el pan eucarístico e invocaron filialmente a la Virgen con el rezo del santo Rosario. En la cárcel confortaron a sus compañeros de prisión y nunca renegaron de su condición de sacerdotes, consagrados, o cristianos laicos fervientes. Sufrieron con fortaleza vejaciones y torturas sin cuento y murieron perdonando a sus verdugos y orando por ellos. Vivieron los instantes finales de su vida con serenidad y alegría admirables, alabando a Dios y proclamando que Jesucristo era el único Rey y Señor de sus vidas.

6. El inicio de su proceso de canonización debe constituir para toda la Diócesis un acontecimiento de gracia y un estímulo para ser cada día más fieles al Señor. Efectivamente, como rezamos en uno de los prefacios de los Santos, a través de su testimonio admirable, el Señor fecunda sin cesar a su Iglesia, con vitalidad siempre nueva, dándonos así pruebas evidentes de su amor. Ellos nos estimulan con su ejemplo en el camino de la vida y nos ayudan con su intercesión. El testimonio de estos candidatos a la beatificación, a medida que se vayan conociendo sus biografías, nos ayudará a fortalecer nuestra condición de discípulos y amigos del Señor, a robustecer nuestra esperanza, a acrecentar nuestra caridad hacia Dios y hacia nuestros hermanos y a revitalizar nuestro testimonio apostólico. Los ochenta y tres sacerdotes y cuatro religiosos son para nosotros, sus hermanos sacerdotes y consagrados de la Diócesis, especialmente en este Año Sacerdotal, modelos cercanos de amor y fidelidad al Señor, de amor a nuestro sacerdocio y la expresión más alta de la caridad pastoral del sacerdote que da la vida por sus ovejas a imitación de Jesucristo, Buen Pastor.

7. Como afirmó mi predecesor, el Obispo Adolfo Pérez Muñoz, con referencia a los sacerdotes mártires en su exhortación pastoral preparatoria de la cuaresma de 1939, «el día en que se escriban sus hagiografías, y se conozcan los pormenores de sus martirios, nos quedaremos atónitos y maravillados de que la frágil condición humana haya podido sufrir tanto dolor, tantos tormentos y tan cruenta muerte con la serenidad e inefable alegría con que lo han soportado nuestros esclarecidos hijos» (Boletín Oficial Eclesiástico del Obispado de Córdoba, año LXXXXII, Córdoba, 1939, p. 56). Los seis seminaristas son modelos preciosos para los alumnos de nuestros Seminarios, llamados a seguir al Señor sin vacilación. Los treinta y nueve seglares son un referente magnífico para nuestros laicos, muy especialmente para los miembros de la Adoración Nocturna y de la Acción Católica, llamados a ser apóstoles en virtud de su bautismo y del don del Espíritu recibido en la confirmación, también a dar testimonio de Jesucristo, como ellos, en la vida pública.

8. El camino que hoy iniciamos nos sitúa en el corazón del misterio de la Iglesia, su santidad, y es un aldabonazo que nos recuerda a los cristianos de Córdoba, tal vez demasiado adormecidos e instalados en un cierto aburguesamiento espiritual, la llamada universal a la santidad: “Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación” (1 Tes 4,3). En realidad la santidad es la primera necesidad de la Iglesia y del mundo en esta hora crucial. En momentos de crisis en la vida de la Iglesia han sido los santos quienes le han marcado las sendas de la verdadera renovación. “Los santos, -nos ha dicho el Papa Benedicto XVI- son los verdaderos reformadores... Sólo de los santos, sólo de Dios, proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo”. Algo parecido nos decía el Santo Padre en la catequesis del miércoles pasado: "Son los santos, guiados por la luz de Dios, los auténticos reformadores de la vida de la Iglesia y de la sociedad. Maestros con la palabra y testigos con el ejemplo, promueven una renovación eclesial estable y profunda".

9. Es de justicia recordar el interés de los Sres. Obispos que me precedieron, Mons. Infantes Florido y Mons. Martínez Fernández, en impulsar la preparación de esta Causa. Quiero mostrar una gratitud particular al Excmo. Cabildo Catedral de Córdoba, que desde el principio apoyó este empeño, colaborando económicamente con generosidad en los gastos que ha ido generando y patrocinando la publicación en 1998 del libro del M. I. Sr. D. Manuel Nieto Cumplido y de D. Luis Enrique Sánchez García, titulado La persecución religiosa en Córdoba 1931-1939. Esta meritoria obra ha permitido dar a conocer esta etapa de nuestra historia diocesana y ha sido un instrumento imprescindible para poder iniciar la Causa que hoy abrimos solemnemente.

10. Al abandonar la idea de presentar una Causa conjunta por todas las diócesis de la Provincia Eclesiástica, la Diócesis de Córdoba asumió el papel de actora en el año 2006. Por este motivo nombré Postulador diocesano al Rvdo. Sr. D. Miguel Varona Villar. Asimismo, ante el riesgo de perder los testimonios de personas de edad avanzada, constituí entonces una Comisión ne pereant probationes, presidida por el Ilmo. Sr. D. Alfredo Montes García, y compuesta por el M. I. Sr. D. Antonio J. Morales Fernández, como Auditor, el Ilmo. Sr. D. Joaquín Alberto Nieva García, como Promotor de Justicia, y Dña. Mercedes Ortiz Navas como Notario. A todos agradezco cordialmente el excelente trabajo que han realizado en estos años y que ha permitido recoger y preservar muchos testimonios que, sin duda, tendrán un gran valor en la instrucción de la Causa. Deseo también agradecer el trabajo que están llevando a cabo la Comisión de Peritos en Historia, presidida por el M.I. Sr. D. Manuel Nieto Cumplido, y compuesta por el Ilmo. Sr. D. Manuel Montilla Caballero, D. Juan José Primo Jurado, Dña. María del Carmen Martínez Hernández y D. Juan Luís Arjona Zurera, así como la Comisión de Censores Teólogos, integrada por el Ilmo. Sr. D. Manuel Pérez Moya y el Rvdmo. Mons. Pedro Gómez Carrillo.

11. Agradezco la colaboración de tantas personas e instituciones eclesiales y civiles que han demostrado su disponibilidad para entregar o conseguir documentación de especial relevancia para esta Causa. Doy las gracias también a las parroquias relacionadas con los presuntos mártires, a sus sacerdotes y feligreses, así como a sus familiares, que de tantas maneras han insistido en que no quedara relegado al olvido su testimonio de fe en el martirio. Quiero agradecer el asesoramiento que desde la Oficina para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Española nos ha ofrecido en todo momento su Directora, Dña. Mª Encarnación González Rodríguez.

12. Agradezco al Secretariado para las Causas de los Santos, a su Director y Postulador diocesano, D. Miguel Varona Villar, el magnífico trabajo realizado a lo largo de estos años. Doy las gracias también al Rvdo. Sr. D. Luis Recio Úbeda, por su colaboración con el Secretariado. Por último, agradezco al M. I. Sr. D. Antonio J. Morales Fernández, al Ilmo. Sr. D. Joaquín Alberto Nieva García y a Dña. Mercedes Ortiz Navas su disponibilidad para formar parte de la Comisión Delegada que hoy se ha constituido para afrontar el trabajo de la fase diocesana de la Causa. A todos ellos y a otras muchas personas que han colaborado como testigos o informadores, les agradezco sus buenos servicios, y pido a todos los que nos hemos dado cita en esta mañana en nuestra Catedral que sigan colaborando, cada uno en la medida de sus posibilidades, y muy especialmente mediante nuestra oración, para que podamos concluir felizmente el camino que hoy iniciamos. Encomiendo el fruto de los trabajos de la Comisión Delegada a los Santos Mártires cordobeses y a la Santísima Virgen, Reina de los Mártires.

+ Juan José Asenjo Pelegrina - Arzobispo de Sevilla y

Administrador Apostólico de Córdoba

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