viernes, 25 de abril de 2008

Apenas llevo leídas

40 páginas, y ya noto los primeros efectos secundarios.

Después de muchos años convencido de que tenía los ojos abiertos, me percato -sorprendido en principio, horrorizado después- que camino a tientas, como todo el mundo, y con los párpados más cerrados que un místico en trance.


Y barrunto que el camino, el mío, además, va más que equivocado.


Me fue recomendado por mi más que estimado contertulio Manuel Harazem, advirtiéndome que me costaría hacerme con él, como así ha sido; pero al fin lo tengo. Y, en efecto, la exposición, siendo similar a otros planteamientos de la misma cuerda, es distinta a todas. Aún no sé porqué.


El propio autor desaconseja su lectura a determinada clase de ciudadanos.


Por mi parte, si no quieres andar incómodo por el mundo el resto de tu vida -como si tuvieses la conciencia calzada en unos zapatos pequeños-, te recomiendo que te sustraigas a la tentación, y no lo leas.


Panfleto contra la estupidez contemporánea
, se llama. Hazme caso: deshazte de él. O él se deshará de tí.

A Manuel, sólo darle las gracias.
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