miércoles, 16 de abril de 2008

VADE RETRO

Situémonos en la escena de vampiro sanguinario, monstruoso y prepotente, acercándose inexorablemente a su víctima, con pasos pausados pero firmes, amenazante, sonrisa feroz, amagando el aire con sus garras. Cuando la víctima-protagonista está a punto de sufrir el abrazo mortal, extrae el as que guardaba en el pecho, la cruz insoportable para el engendro, mientras le grita, victorioso, “¡Vade Retro!”. El vampiro, entre sorprendido y horrorizado, pasa a la defensiva medio cubriéndose el busto con las garras. El ahora héroe, se envalentona y avanza esgrimiendo su excalibur esotérica, con ánimo triunfante.

Inesperadamente, el vampiro se relaja, sonríe mostrando sus fauces depredadoras, y de dos manotazos manda al galán y su cruz a hacer gárgaras.

Ya fuera de cine, esta escena es, aproximadamente, la que los jueces corren el riesgo de emular en cada una de las ocasiones en que emiten sus vade retro judiciales, es decir, sus inexplicablemente sobrevaloradas órdenes de alejamiento.

No imagino en qué mundo de fantasía vive el espíritu de alguien que ordena a un individuo para quien la vida ajena y las normas de convivencia le suena a campanillas. Imagino que influye en esta ingenua actitud la certeza de que no es su sangre la que ansía el vampiro.

Acto seguido, el narrador encarnado en el locutor de turno, apuntilla tras describir los hechos: a pesar de que el agresor tenía una orden de alejamiento. Y así siempre, en cada uno de las decenas de asesinatos ocurridos. No se me ocurre expresión más absurda e insultante para el sentido común.

Hay que ser simple y necio para esperar que alguien que acaba de apalear sin piedad a un ser humano, cambie de actitud sencillamente porque yo lo valgo. Porque así viene ordenado en el Código Penal, o tal vez De Pena.

Quizá algunos legisladores y demasiados psicólogos harían un bien a los ciudadanos si encaminaran su inagotable fantasía hacia la literatura infantil. Quién sabe cuántos Lewis Carroll desperdiciados tenemos componiendo y aplicando leyes.

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