martes, 18 de marzo de 2008

CORAZÓN ROBADO

Hace unos días aparecía en una cadena local un mini documento gráfico en el aparecía una señora, saetera de cante a la madre de la deidad y tente en pie, visiblemente emocionada, entregada al acto de ensalzar a la imagen venerada por los bienes otorgados. Los hondos y conmovedores gorjeos en su voz, los bellos trinos aristados, los quiebros del aire en la garganta impelidos por los agradecidos y píos pulmones. Qué turbación.

La fervorosa solista, en un alarde para mí desconocido de desvergüenza, insolencia y desagradecimiento sin límites, concedía toda gracia y mérito a una estatua, ausente, inmóvil, indiferente a su devoción, por el éxito de un trasplante de corazón de que había sido beneficiaria.

Si el donante fuese persona querida o allegada a mí, o fuese yo mismo el cirujano cuyas manos le devolvieron la salud y la vida, solicitaría inmediatamente que ese corazón que no merece le fuese extirpado sin anestesia, e implantado en un pecho capaz de valorar el sacrificio y dedicación de dos seres humanos cuyo mérito les ha sido arrebatado, como tantas otras veces, por la incultura y la superstición.

Los idólatras deberían ser obligados a ser consecuentes con su actitud, y serles recetados exclusivamente padrenuestros y avemarías. El mundo sería un lugar más limpio.

HILILLOS DE PALESTINA

Me gusta hablar a tontas y a locas, escribir a tontas y a locas, porque me ayuda a ver las cosas más claras. Con su todo su cinismo disfrazado de pachorra, el entonces ministro Rajoi se entretuvo en calificar el petróleo que en cantidades industriales brotaba del barco hundido como “unos simples hilillos de plastilina”, tratándose en realidad de ingentes cantidades de crudo que ocasionaron lo que todo el mundo conoce.

De igual forma, con idéntico cinismo, con la misma pachorra, tratan los obedientes medios de comunicación occidentales la situación que se vive en la llamada Franja de Gaza, es decir, el campo de concentración en que Israel ha convertido toda una nación que tuvo la desdicha de ser elegida vecina de unos belicosos ocupas procedentes del mismísimo infierno. El infierno Nazi. Estos atroces genocidas revestidos de victimismo están, en estos mismos momentos, exterminando un Pueblo. El Otro Pueblo. Un Pueblo elegido como víctima, otro pueblo elegido como verdugo por un dios hecho, como todos los dioses, a la imagen de la miseria y crueldad humanas.

Mientras, Europa come y calla. El viejo y sabio continente da pasos atrás para mirar desde la distancia, para alejar la culpa de la conciencia que no tiene, como un anciano escudado en su experiencia para justificar su estoicismo. La prudencia es garantía de supervivencia y este continente, por algo, es cuna de los más longevos y prósperos imperios de la historia, mientras el mundo se desmorona a su alrededor entre hambrunas y masacres en el abismo del capitalismo y el subdesarrollo.

Hilillos de Palestina, la vida de cientos de miles de seres humanos que agonizan lentamente entre la privación de los bienes y derechos más elementales y la desesperación de la ausencia de horizonte, de futuro.

Entretanto, los judíos-israelíes, como cuando les tocó jugar el papel de mártires, tienen al mundo de su parte. Nos tienen a todos de su parte. Muera el Pueblo Palestino. Pero que sea rápido, al menos.

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