viernes, 18 de septiembre de 2009

El "Sueño Español"

Escribir sobre ésto se me hace cuesta arriba, y mucho. En realidad, últimamente la desidia que acarrea el desencanto me dificulta a horrores escribir sobre cualquier cosa. Hasta la habilidad de la Iglesia de amontonar estupideces con el virtuosismo de superar con cada una a la anterior, me hace bostezar, un síntoma, una anomalía personal que me preocupa.

¿Ha estado este país durante los últimos diez años dormido, sumido en el espejismo del "Sueño Español"? ¿Ha llegado a creer, sinceramente, que era una potencia económica puntera? ¿Esperábamos del PSOE un cambio hacia la sensatez y la transparencia, o latía el egoísmo particular de "renovar para continuar" a sabiendas de era "más de lo mismo" lo que aguardaba tras las promesas electorales del candidato socialista porque, en el fondo, ande yo caliente ríase la gente?

Ahora que la columna vertebral del "progreso", la economía, se desmorona, afloran las enfermedades de siempre que han permanecido bajo los efectos del analgésico de la construcción. Ha sido como si Colombia se hubiese creído con derecho a entrar en el G-20 en base a la riqueza generada por el tráfico de drogas. Sólo que esta actividad mercantil, el tráfico de drogas, es más sostenible y sensata que la construcción.

Esta es una tierra de subsidios, puretas, camareros, rentistas, folclóricos e intermediarios, donde cualquiera puede ponerse como el quico en política bajándose los pantalones y metiéndose por donde escuece ese canuto que ni para hacer la "O" le sirve. Pero éso sí, con libertad. Siempre con mucha libertad. Un día de éstos, muchos se levantarán y verán que para desayunar tienen sólo éso, libertad. Libertad y la jeta plastificada de Pajín. Y la sonrisa de euromillón de Susana Griso vendiendo yogurt líquido como quien vende crecepelo. Son los últimos símbolos del Sueño Español.

El despertar no ha sido tan amargo como se pretende hacer creer. Millones de funcionarios mantienen el consumo en niveles razonables, la pequeña empresa da de baja en la seguridad social pero no despide, y hay subsidio para todos, afortunadamente, a pesar de que muchos no lo merezcan. Y ahí está el quiz de la cuestión, lo que hace del estado del bien estar el sistema más deseado por los gobernantes del mundo.

Pero si crees estar en tu sano juicio, pagas hasta el último duro que te toca de los impuestos, y te comportas civilizadamente, el cuento del día a día es como para implorar la lobotomía voluntaria. El patrón lo marcan invariablemente un gobierno incalificable, una oposición majadera y desorientada, sindicatos a la que salta, empresarios en busca de la dignidad perdida, la Iglesia como un virus crónico, asesinatos de número llamados de género, la epopeya del etarra de moda, crónicas de la desubicada Afganistán, y una avalancha de información exterior del todo a cien que más recuerda a los antiguos métodos de lavado de cerebro que a una exposición razonada y razonable de la realidad.

Mientras, en la calle, gente de todas las edades se busca la vida. No son ciudadanos. Son gente. La gente puede estar en el desempleo o devanarse los sesos para conseguir una vivienda. Los ciudadanos no, porque la Constitución les garantiza un empleo y viviendas dignas, sí o sí. Y si el Tribunal Constitucional dice que la Constitución es sagrada, yo me lo creo.

¿Y tú qué eres, ciudadano, o gente?
Se ha producido un error en este gadget.