lunes, 19 de enero de 2009

David 1 - Goliath 100

El mito de David contra Goliath es éso, un mito. En el mundo real no caben milagros ni emocionantes triunfos inesperados de la justicia, ni suenan bellas bandas sonoras de fondo en escenas de heroicas muertes que sirvieron para algo.

En el mundo real, la muerte es sucia, inútil, sólo causa un dolor indescriptible y la única música que llega a los oídos son los gemidos sin esperanza de los moribundos.

Cuando un adulto inocente muere, durante el instante previo a su marcha sabe que la causa es la crueldad y estupidez humanas. Los niños, sin embargo, mueren si saber porqué. Una gran parte de ellos no han llegado siquiera a conocer mínimamente la naturaleza de los engranajes que mueven el mundo, nada saben del odio que se profesan los mayores. Sólo sienten, sin más.

Me pregunto -aunque ni la casuistica, ni el marco político ni civil sea comparable- si todos aquéllos que ahora justifican la "autodefensa" Israelí, apoyarían el bombardeo de pisos francos de ETA en el País Vasco. Si los cientos de muertos resultantes serían "un precio justo, necesario, a pagar" a cambio de la tranquilidad del resto del país.

Está claro lo que los palestinos importa tanto a Hamas como a Israel. Ambos persiguen sus fines sin reparar en las vidas que la ambición de unos y el fanatismo de otros está segando con la guadaña de la irracionalidad.

La razón dispone de infinitos caminos, la historia de los pueblos parece condenada a escribirse con sangre hasta tanto no aprendamos caminos que nos alejen de la barbarie.

Intransigencia, intolerancia, son términos que hemos acuñado entre todos, desde siempre.

Hombres G-20

Prefiero las cosas a toro pasado, como pasada está ya la cumbre G-20 de marras, la de los porfavoses, la pequeña réplica -como de terremotillo- de la foto del presidente niñato corriendo a la vera de los adultos para parecer mayor. Para J.L. Rodríguez, el Pumba flatulento del inolvidable "Rey León" Disneyco, ha sido un correr de aquí para allá buscándose hueco, darle vueltas a la base en busca del camino conducente a la cumbre. Rodrigo de León empeñado en participar de lleno, ansioso de codearse, de rozarse, de regalar su sonrisa de duralex y, de paso, ilustrar a los G-20 sobre exorcismos de crisis, transmutándose al papel de gran maestro de ceremonias al que aspira sin darse, ni darnos, tregua.

Ya veremos si es más listo que el hambre, aunque no llegará la sangre al río. Más que nada por los muchos sabios aún que, en 15 años, ni tentados estuvieron de acercarse a un ladrillo, consecuencia directa de que conserven, en distintos grados de precariedad, sus empresas o empleos.

Desde esos días de lucimiento hasta hoy, para volver a repetir malabaresca presencia española, habría que ampliar el cupo al 38, por lo menos. Como no es el caso y en algo tienen que entretenerse los políticos mientras los anticuerpos naturales del liberalismo hacen su trabajo, el Partido Popular, en esta esquina del cuadrilátero, y PSOE en la opuesta, se noquean de metirijillas en ese recinto de segunda categoría -y bajando- que es el Senado y al único fin de darle un poco de circo al pueblo, con el asunto de los euros empleados en la puesta del largo del Presidente en la Guait Jous.

Y tal y como ocurrió en aquella ocasión en que le descerrajaron a Rajoi la trágica pregunta de cuánto ganaba, ni una sola cifra asomó a la palestra. "Lo normal en estos casos", fue la incógnita más despejable que aportaron los PSOE's BOYS -desde Moncloa, cloa, cloa- al interrogante. Las respuestas restantes, etéreas, retruécanas, huidizas y tontamente grandilocuentes.

Casi sin querer, se me quedan grabados los dos últimos términos; y a pesar de haber hecho firme propósito de no generalizar nunca más en la vida, me llego a preguntar: Porqué últimamente hasta las nubes del cielo y las estrellas del firmamento, parecenme formar precisamente ése dúo: Tonto Grandilocuente.
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