miércoles, 23 de abril de 2008

A esa delgada Línea Verde.

ROMPO DESDE AQUÍ UNA LANZA, un trompo con blutú y lo que haga falta, por los funcionarios de la policía local. No digo yo que les vayan a reír la gracia desde Capitulares, pero para mí que no es para tanto. Al fin y al cabo, todos los españoles son iguales ante la ley. Y si la ley dice 7, pues es 7 para todo el mundo, aunque dedique sus ratos libres a la albañilería autodidacta, ¿no? Precisamente ahora que el oficio está en franca decadencia, nos viene la administración sancionando la Formación Profesional No Homologada. Pues mire, no lo entiendo.

Al fin y al cabo, la carne es débil. El culito veo, culito me da deseo es para pasarlo, para sufrirlo in situ, que se ven los toros muy bien desde la barrera.

Si no, pruebe Ud., desconocido lector, a pasarse 25 años largando propuestas de sanción a casitas más ilegales que el barco de chanquete, haciendo la ronda semanal por la obra y viendo crecer esa mansioncita a su ser, como si lo que escribió usted con toda la ilusión del deber cumplido y en papel de multa autocopiativo fuese la carta a los reyes magos. Haga la prueba, desconocido lector.

Tras 20 años de rutina denunciatoria, transcurridos sin pena ni gloria, sin sentencias ni demoliciones, le cuentan a usted los compañeros del ordenata que por aquí y acullá ya no hace falta que pase, que el nuevo PEJEOÚH dice que nones, que ha llegado el indulto y que a lo hecho pecho, que como mucho se les puede echar un rapapolvos en plan poli-buenrollo por las travesuras, tales como no tener la licencia de obras. Una menudencia subsanable con cuatro perras, pero que dice el PEJEOÚH que es una faltilla leve y que no supone ordeñación del territorio, ni muchísimo menos, porque ahí donde hasta hace dos días iban lechugas, ahora van dos plantas más ático, sótano y garage. Oiga, y que el mamotreto lo ha firmado en Sevilla un pez gordo, que impone mucho aunque parezca que no, así que por algo será.

Aún así, Ud., desconocido lector, que todavía no asume la realidad, se da una última vuelta por la parcelación, y donde antes percibía nervios malamente contenidos, ahora se respira paz, sosiego y, sobre todo, impunidad, mucha y feliz impunidad. Lo que hace un Artículo.

Mientras va tomando camaleónicamente el color del anagrama de su jeep, Ud., que no por ser agente de la autoridad, es de piedra, se siente confundido, comprensiblemente acongojado, algo se le hincha dentro y casi nota cómo explota.

Tal como si hubiese sido picado por una rasilla radioactiva –ladrillo de tres agujeros, fabricado en El Cabril-, durante la noche se producen las pesadillas, las introspecciones, los flashes y visiones de los cientos de sancionados que en su vida han sido, descojonándose a mandíbula partida mientras lanzan por los aires incontables y ya diminutas multas, victoriosos, borrachos de euforia.

A las siete de la mañana, sudoroso y sintiéndose un hombre nuevo, la metamorfosis está completa. A la mierda las gafas, la faja y el parche de nicotina. Ha nacido un policía-parcelista.

Además… ¿no querían que el Cuerpo de Policía Local diese ejemplos edificantes? Pues de qué se quejan ahora. Haberse explicado, mujer de dios. Si es que algunos son como el ABC, que van de sobraos y sólo dominan tres letras.

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