miércoles, 29 de abril de 2009

Enanos de Jardín

Hay personajes en la vida cotidiana a los que apenas damos importancia. Son dueños de palabras obvias, huecas o retóricas, que dicen lo que cualquiera podría decir y callamos precisamente por éso, por consabidas. El nombre de esta gripe originada en nuestro hermano cerdo está mutando antes que el propio virus que define, derivando en virtud de los vicios eufemísticos sacro-judíos a gripe mejicana. Cuyo primer síntoma podría ser una tos mariachi. Y una fiebre que podría combatirse con burritos en dosis masivas. Y así podríamos continuar hasta sentirnos tan absurdos como debería haberse sentido el rabino que ha prohibido el término porcino para referirse a la infección, por inspiración directa de su porcina y peculiar mono-divinidad.

Y como la senectud es la mejor aliada del discurso decadente, el jefe de estado vaticano se deja caer por entre los escombros y los desahuciados para pedir al cielo y los cuatro vientos viviendas más sólidas. Para ese viaje, podría haber usado la línea directa que asegura mantener con el sumo arquitecto cósmico, que bien poco debe costarle reedificar los edificios derrumbados con un chasquido de dedos. Esta vez, éso sí, cumpliendo con la normativa antisísmica.

Un detalle sin embargo ha sido el no aparecer por el lugar del desastre hasta tres semanas después, decidido a no entorpecer las labores de rescate y desescombro. Caer en la cuenta de que un anciano, ya mermado física y mentalmente por la edad, deambulando entre los cascotes, calles agrietadas y trozos de fachada, poniéndose enmedio de los bomberos, los perros y las pesadas maquinarias constituye un serio e inútil estorbo, dice mucho del sentido común de sus cuidadores. O asesores.

Quién necesita, enmedio de una estampida, un enano de jardín.
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