miércoles, 6 de enero de 2016

Pensamiento único

Se acusa tradicionalmente al Comunismo de aspirar a igualar a la gente y abolir el individualismo, de matar a los "divergentes" y vaciar a la persona hasta convertirla en una masa informe y estúpida que actuará al unísono como una colonia de hormigas alienadas, en obediencia ciega de las órdenes del Partido. 

La prensa conservadora vive casi exclusivamente de la propagación diaria de esta soflama clásica y manida a través de los ingresos por publicidad que, como buenos mercenarios, les son asignados casi en exclusiva desde las instituciones que en ese momento estén gobernadas -controladas- por el Partido Popular.

Son los mismos voceros y columnistas de la mayoritaria prensa derechista que achacan a la izquierda la pretensión de imponer el PENSAMIENTO ÚNICO y la dictadura comunista a la menor oportunidad de acceder al poder local, autonómico y estatal, enfundándola en el papel de "hombre del saco" que figurará reiteradamente en el argumentario que desanimará a muchos ciudadanos a abandonar el apoyo a esa derecha a la que con tanta desconfianza prestan su voto.


Son los mismos que determinan que un español TIENE QUE SER:

- Católico
- Monárquico
- Profranquista
- Taurino
- Tradicionalista y, sobre todo
- Antizquierdista y acrítico con el fascismo.

En el seno de la Izquierda se discute, se escinden partidos, se tiran los trastos a la cabeza, pero no se excluye a nadie por profesar una u otra religión o ninguna de ellas, o diferir en conceptos básicos de las políticas sociales, se resaltan las ventajas de las políticas de izquierdas allá donde se concreten pero no se idolatran dictadores asesinos, ni se ensalza la crueldad con los animales como virtudes inapelables propias de PERSONAS DE BIEN y BUENOS ESPAÑOLES.

Se cometen errores que, tarde o temprano, acaban corrigiéndose y abordándose, la discusión y la discrepancia son herramientas de trabajo, no motivo para la descalificación y el escarnio público.

Los que acusan a la izquierda de imponer el PENSAMIENTO ÚNICO son los mismos que prendían las hogueras inquisitoriales, los que reescriben cínicamente la historia esperando atraer algún incauto ESPAÑOL DE BIEN que abdique del sentido común y crea que nunca ocurrieron las represalias asesinas durante el Franquismo, ese Franquismo que fue, por más que el Fascismo español lo niegue, el único y máximo ejemplo, exponente e impositor del auténtico PENSAMIENTO ÚNICO, la creencia de que SÓLO LOS FRANQUISTAS SON ESPAÑOLES y, el resto, basura a la que se le puede y debe volar la cabeza junto a una zanja.

La misma zanja que, de la forma más cínica y cruel imaginable, el ESPAÑOL DE VERDAD querrá enterrar por segunda vez en el olvido.

miércoles, 5 de octubre de 2011

La insoportable levedad de ser un delincuente.

En contra de la opinión de Carnicero y algún que otro periodista, estoy firmemente convencido de que lo que está sucediendo no responde a maniobra alguna orquestada en la oscuridad. Como en la realidad siempre superada por la ficción, las cosas son mucho más simples. Y ocurren porque ocurren, sin que haya nacido el pitoniso capaz de preveerlas a medio-largo plazo y, mucho menos, provocarlas.

Es cierto que se disciernen una o varias manos negras, pero no son manos taimadas que utilizan complicados algoritmos de anticipación. Son simple y llanamente los mal llamados especuladores, individuos o entidades que en el día a día utilizan los resortes bursátiles y los mecanismos de negocio en la nube para autoreportarse jugosos beneficios al margen de toda ética, sin conciencia, sin pensar en las víctimas de carne y hueso. No hay otra forma de hacerse con una fortuna. No hay un plan preconcebido, sólo astucia -éso es innegable-, ambición y falta de escrúpulos.

Lo que hace posible esta actividad obscena es una piedra triangular fácilmente identificable: las normas. Las Leyes. Si se modifican las Leyes, se cambian las reglas y se fuerza a un cambio de estatus o, como mínimo, de estrategia. Sacar a los especuladores de la rutina, desorientarles durante un tiempo que puede ser precioso para abatirles. Y digo abatirles en el más estricto sentido. Físicamente, si es necesario. Porque se está llegando a una tesitura en que se trata de la supervivencia de la civilización. Ellos o el resto del mundo.

En España ha quedado claro con quién no se puede contar para perseguir este objetivo: ni con las opciones liberales ni con las social-demócratas. Huelga detallar los sujetos y sus motivos.

Un millón de personas despedidas y sin ingresos choca frontalmente con marcos absurdos como los expuestos en varias cajas de ahorros: Caja Madrid, CajaSur, CAM, Caixa Galicia en estos días, y las que vendrán, han estado regidas por delincuentes. Forajidos que birlan sin tapujos los dineros de las entidades durante y, sobre todo, después de perpetrar su mandato-delito, con la connivencia expresa de quienes no tienen otra función que velar por nuestros intereses.

Me pregunto por quién y en qué momento fueron autorizados los documentos que ahora, tras despellejar las entidades que se les había encomendado gestionar limpiamente, les otorga un premio-botín de varios millones de euros por sus desmanes. Es necesario conocer con nombres y apellidos a los autores materiales de las normas que han hecho posible esta pérdida institucional de la integridad pública que afecta a la credibilidad de todo un sistema jurídico, desde sus mismas raíces constitucionales y al total del Estado de Derecho.

¿Cuál es el valor actual del consenso y el contenido de la Constitución? Nulo, cero. La humillación de la ciudadanía a través del desprecio al ordenamiento jurídico empezó ya con F. González, y ha culminado durante éste último mandato del PSOE. No se puede -en realidad, no se debe- llegar más lejos en el desamparo a los españoles que hasta donde ya lo han hecho las Administraciones Públicas. Y en este momento, todos nosotros estamos obligados a impedirlo. Nunca me he decantado por las revoluciones, pero la espada avanza implacable, y cada vez está más cerca la pared.

-Algún día escribiré reflexivamente, sin arrebatos. Pero ese día no es hoy.-

sábado, 24 de septiembre de 2011

Especial para "taurinos": ejemplo y explicación de disputa de igual a igual.

Foto tomada ayer en la SE-197.
Está foto está tomada en el día de ayer, en la carretera SE-197. Se observan dos reses combatiendo. Sus motivos tendrían, y la lucha fue encarnizada. Aunque nada comparado con la que les espera cuando tengan que enfrentarse a sus matadores humanos, y con suerte si toca La Maestranza, en lugar de Tordesillas.

Los matadores de toros y la clase taurina en general -no hace falta argumentarlo- pecan de una soberbia necedad a prueba de argumentos. Aún asi, no renuncio a explicarlo una y otra vez. Un torero viene a exhibir una inteligencia cien veces superior a una res -aunque siga siendo la mitad de un ser humano normal-. Utiliza un artefacto de engaño, otro diseñado exclusivamente para dar muerte al animal y previamente se sangra a éste para provocarle suficiente debilidad. Sumado lo dicho a un meticuloso entrenamiento, las posibilidades de supervivencia inclinan inequívoca y aplastantemente la balanza hacia el lado del siniestro diestro.

La escena que se aprecia en la foto es una lucha de igual a igual. Lo que se describe en el párrafo anterior es un animalicidio. No resulta tan difícil de comprender.

Lo único que recomendaría a estos animales, caso de que pudiesen escuchar y comprender es: duro con ellos, y a la femoral.

miércoles, 20 de abril de 2011

Viernes 13

Pretendo que este artículo sea conciso, así que empezaré con esta práctica y breve parábola: hasta los médicos recomiendan un susto para acabar con el hipo.

Para este país agobiado por el hipo, varios sustos que se me ocurren “a bote pronto”, sin demasiada reflexión:

1.- Nacionalizar tres bancos, los tres más reacios a emplear cristianamente el dineral con que les salvamos de un hundimiento ficticio.

2.- Eliminar el sistema de autonomías de un plumazo. Así cual suena, de un día para otro.

3.- Retirar amablemente la financiación pública a sindicatos y partidos políticos.

4.- Renacionalizar tres antiguas empresas públicas que dejaron de serlo por un error electoral.

5.- Frenar en seco -y con las sentencias a la horca que sean menester- la privatización de AENA.

6.- Readmitir en sus puestos de trabajo y hasta la edad legal de 67 años a todos los empleados injustamente prejubilados en la flor de la vida.

7.- Permitir que el neoliberalismo se desarrolle libre como un pajarillo, retirando todas y cada una de las subvenciones a la producción agrícola, industrial o energética, así como a federaciones y asociaciones tanto progres como casposas y sea cual sea su dedicación.

8.- Construir un magnífico museo de cera en el Palacio de la Zarzuela en recuerdo de la Monarquía.

9.- Otorgar la libertad laboral a todo funcionario que albergue dudas sobre su vocación de servicio público.

10.- Simplificación de los tramites de liquidación en casos de quiebra empresarial: la venta íntegra del activo del empresario y testaferros y su total inversión en paliar la angustia vital que la indeseable situación habrá provocado en empleados y proveedores.

11.- Demorar toda concesión de licencia de obra nueva hasta que la última vivienda de reciente construcción haya sido adjudicada y ocupada. El hormigón se hace con agua y el agua es un bien de un valor incalculable: no lo desperdicies.

12.- Listas abiertas en todos los comicios y suspender al ciudadano D’Hondt, en “comprensión lectora”, por no haber entendido el concepto “una persona, un voto”.

Y, por último, 13.- Entregar a Aznar a Al-Qaeda por tiempo indefinido para que complete su entrenamiento como terrorista suicida. Rajoy podría acompañarle si Jose Mari se lo pide; por no llevarle la contraria, mayormente.

Papá, regálame un Nokia.

Unos años atrás –no muchos-, los resultados electorales en Finlandia nos habría importado pimiento y medio. Al día de hoy bien podría ocurrir otro tanto, si no fuese porque por aquellos helados lares retumba una voz que propone abandonar la muy europeista tradición de sufragar los desmanes y excesos de los borrachines del “bajo-A”, algo así como el tercer mundo del continente. Opiniones cada vez más respaldadas que abogan incluso por segregarse del casquivano puticlub europeo, haciendo suyo el conocido “con su pan se lo coman”. Yo haría igual de estar en su caso, lo juro.
         
Sorprende incluso que países como Alemania no hayan caído ya en la misma cuenta, y se desmarquen de las derramas extraordinarias ocasionadas por la vida licenciosa con que por aquí nos regalamos. Pero sorprende sólo en primera instancia, una vez comprendemos que Alemania tan sólo nos regala los 25 euros justos para mantenernos en estado de cogorza y juerga flamenquita perenne, pero con zorrunas intenciones, jugando al “Manolito” interesado y pesetero de las memorables viñetas de Mafalda.
         
Para Alemania, España y Portugal o Grecia son el bicho y chinarro que nos cuelan con las lentejas pero de gravidez inestimable en la báscula, el cabo y rabo de la aceituna, el papel de estraza y el hielo incluidos en el peso de los langostinos, pero que no les importa pagar a precio de mercancía comestible porque aún así, les sale a precio de saldo. Tan barato como puede resultar la propina al chico de los recados a cambio de la disponibilidad absoluta. Si no, imagínense que el valor de salida del euro hubiese coincidido con el de la peseta. Hoy, sin percatarnos siquiera, pagamos por un café un marco con diez.
         
Así se explica que la Dama de Acero Inoxidable no pierda la paciencia con los díscolos sureños; suministra la dosis exacta de veneno -con una frialdad y seguridad que pasma- que ni nos mata ni nos sana, pero nos deja mansitos y listos para el ordeño en forma de deuda pública, como dicen les ocurre a las legendarias vaquitas de MacDonald. La laboriosa Alemania ha progresado, probado las mieles de la especulación financiera a través de la diplomacia y descubierto las jugosas prebendas derivadas del arte de someter las reputaciones de los tesoros públicos de las economías desindustrializadas a un río revuelto para ganancia de los que están cómodamente sentados en la barca, los pescadores arios.

En el otro extremo del ring Finlandia, un país de tintes anacoretas que hace la compra por internet, se mueve cómodamente en la jetset planetaria de la economía, el desarrollo sostenible, las libertades personales y un estado de bienestar en el que se conjuga una renta percápita puntera con un sistema educativo y de atención social ni remotamente parecidos a lo que se ve por Torremolinos. Adquiere en el exterior las materias primas que precisa y hace filosofía económica de alto estanding  valiéndose de la inversión en tecnología avanzada, una pulcra silvicultura y unos marcadores de corrupción tendentes a cero. Ahí es nada.
                  
En un estado de gracia así, resulta lógico que se pregunte qué le incumbe el manto freático de degeneración que discurre bajo nuestros pies y que rezuma podredumbre por donde, accidentalmente, se le permite aliviar la presión.

Me pregunto yo y se pregunta Finlandia qué culpa tiene ella de nuestras carencias históricas y congénitas, de nuestro perverso amor por bienvivir sin trabajar, de nuestra obsesión cani por ornatos y fruslerías, del meapilismo enfermizo con que nos castramos, de nuestro sempiterno clientelismo corrupto disfrazado de paz social, de la incapacidad crónica que nos exime de la responsabilidad de cultivar y mimar el cerebro de las nuevas generaciones; de que, en definitiva, la herencia y la costumbre nos invite a no utilizar la espalda si no es para cargar un santo o un amiguete en riesgo de coma etílico.

¿Tópicos? Puede ser que sí, puede ser que no. Pero tan importante como la forma en que nos vemos, es la apariencia que guardamos para los demás. Y para lo último que está esta tierra es para salir con bien de un psicoanálisis.
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