miércoles, 20 de abril de 2011

Papá, regálame un Nokia.

Unos años atrás –no muchos-, los resultados electorales en Finlandia nos habría importado pimiento y medio. Al día de hoy bien podría ocurrir otro tanto, si no fuese porque por aquellos helados lares retumba una voz que propone abandonar la muy europeista tradición de sufragar los desmanes y excesos de los borrachines del “bajo-A”, algo así como el tercer mundo del continente. Opiniones cada vez más respaldadas que abogan incluso por segregarse del casquivano puticlub europeo, haciendo suyo el conocido “con su pan se lo coman”. Yo haría igual de estar en su caso, lo juro.
         
Sorprende incluso que países como Alemania no hayan caído ya en la misma cuenta, y se desmarquen de las derramas extraordinarias ocasionadas por la vida licenciosa con que por aquí nos regalamos. Pero sorprende sólo en primera instancia, una vez comprendemos que Alemania tan sólo nos regala los 25 euros justos para mantenernos en estado de cogorza y juerga flamenquita perenne, pero con zorrunas intenciones, jugando al “Manolito” interesado y pesetero de las memorables viñetas de Mafalda.
         
Para Alemania, España y Portugal o Grecia son el bicho y chinarro que nos cuelan con las lentejas pero de gravidez inestimable en la báscula, el cabo y rabo de la aceituna, el papel de estraza y el hielo incluidos en el peso de los langostinos, pero que no les importa pagar a precio de mercancía comestible porque aún así, les sale a precio de saldo. Tan barato como puede resultar la propina al chico de los recados a cambio de la disponibilidad absoluta. Si no, imagínense que el valor de salida del euro hubiese coincidido con el de la peseta. Hoy, sin percatarnos siquiera, pagamos por un café un marco con diez.
         
Así se explica que la Dama de Acero Inoxidable no pierda la paciencia con los díscolos sureños; suministra la dosis exacta de veneno -con una frialdad y seguridad que pasma- que ni nos mata ni nos sana, pero nos deja mansitos y listos para el ordeño en forma de deuda pública, como dicen les ocurre a las legendarias vaquitas de MacDonald. La laboriosa Alemania ha progresado, probado las mieles de la especulación financiera a través de la diplomacia y descubierto las jugosas prebendas derivadas del arte de someter las reputaciones de los tesoros públicos de las economías desindustrializadas a un río revuelto para ganancia de los que están cómodamente sentados en la barca, los pescadores arios.

En el otro extremo del ring Finlandia, un país de tintes anacoretas que hace la compra por internet, se mueve cómodamente en la jetset planetaria de la economía, el desarrollo sostenible, las libertades personales y un estado de bienestar en el que se conjuga una renta percápita puntera con un sistema educativo y de atención social ni remotamente parecidos a lo que se ve por Torremolinos. Adquiere en el exterior las materias primas que precisa y hace filosofía económica de alto estanding  valiéndose de la inversión en tecnología avanzada, una pulcra silvicultura y unos marcadores de corrupción tendentes a cero. Ahí es nada.
                  
En un estado de gracia así, resulta lógico que se pregunte qué le incumbe el manto freático de degeneración que discurre bajo nuestros pies y que rezuma podredumbre por donde, accidentalmente, se le permite aliviar la presión.

Me pregunto yo y se pregunta Finlandia qué culpa tiene ella de nuestras carencias históricas y congénitas, de nuestro perverso amor por bienvivir sin trabajar, de nuestra obsesión cani por ornatos y fruslerías, del meapilismo enfermizo con que nos castramos, de nuestro sempiterno clientelismo corrupto disfrazado de paz social, de la incapacidad crónica que nos exime de la responsabilidad de cultivar y mimar el cerebro de las nuevas generaciones; de que, en definitiva, la herencia y la costumbre nos invite a no utilizar la espalda si no es para cargar un santo o un amiguete en riesgo de coma etílico.

¿Tópicos? Puede ser que sí, puede ser que no. Pero tan importante como la forma en que nos vemos, es la apariencia que guardamos para los demás. Y para lo último que está esta tierra es para salir con bien de un psicoanálisis.

7 comentarios:

Lisístrata dijo...

q pasó? te envié un comentario y no está, ejjeje, alguien se lo debió de quedar por el camino... aunq no creo, tp era gran cosa. en fin, q mu bien por los finlandeses y mu mal por las aves de rapiña como Merkel q se lucran de la miserabilidad e ignorancia de los pueblos (q mardita sea! encima se crenn listísimos)

pues eso.

Isaak dijo...

Me ha pasado un par de veces igual en el otro blog. Lisi, no te asustes, pero son las primeras señalaes de la caída de la civilizqación... ¡viene el 2012! ;-)

Josefo el Apóstata dijo...

Pozí, pero para que Finlandia no prezca el paraiso terrenal, recordar que sus tasas de alcoholismo y suicidio son muy altas, y que la extrema derecha en las últimas elecciones ha pegao el pelotazo en nº de escaños...

Lisístrata dijo...

Lo de mi afinidad con el sentir finlandés lo decía porque trasladados esos platos rotos q pagamos todos a un nivel particular, te entran retortijones de pensar q andas ahorrando para lo q la vida te depare de imprevisible y de golpe, con esos ahorros, bien en forma de bajada de sueldo o en recortes en prestaciones sociales conqistadas, has de pagar el mercedes deportivo del niñato q se quitó de estudiar para meterse a albañil o a cualquier profesión con 16 años y q ahora anda en paro pero ha de seguir pagando el cochecito y si lo de vuelve tb, y si no lo puede pagar, el gobierno se encarga de pagarlo con los ahorros de quienes no se gastaron en lujos sin poder asumirlos. O con quienes pagando hipotecas de viviendas seguían vivendo como reyes y pidiéndo préstamospara irse de ferias de sevilla, romerías de rocío y bacanales varias porq se está de puta mare jugando a ser señorito, y eso lo he visto yo con mis ojos. Mi madre me enseñó a gastar de 10, 7 y a lo sumo 8. Quien teniendo 10 se gasta, ya no sólo el doble sino sólo 2 más, al final se le hace una bola q es incapaz de abarcar por gestionar mal su propia economía y una de dos o se come sólo su marrón o busca a un gilipollas q le saque del atolladero. Esto último es lo q está pasando en la crisis. y no sólo los de a pie jugaron a ser más de lo q eran, tb los grandes y ahora nos joden por igual y eso es lo q te indigna. ante estas hechos el miedo se apodera de la gente q quiere conservar su estatus de bienestar y ahí aprovechan como buitres las corrientes ideológicas de extrema derecha con su mezcla de religiones y otras supercherías para rematar faena. Por cierto, no sé sios dísteis cuenta al leer la noticia, pero la cara del facha finlandés es de los malízimos remalos de las pelis

En cuanto a lo de el alcoholismo y los suicidios, será, digo yo, q habrá alguna corriente supersticiosa por ese país q se encarga de hacer q la gente se sienta infeliz, si no no se explica.

Isaak dijo...

Pues sí, Josefo, prácticamente todos los países "nórdicos", los europeos, los americanos y los asiáticos van bien despachados en cuanto a tasa de suicidios y, supongo que en buena medida por el frío o el aburrimiento, alcoholismo.

Pero lo sabio es imitar lo positivo, y dejarles para ellos lo negativo. Que leer aumente el riesgo de padecer miopía no justifica que decidamos ser analfabetos ;-)

Isaak dijo...

Más razón que una santa, Lisi. Pertenecer al tercer mundo del primer mundo no debería hacernos ni pizca de gracia. Me moriré esperando que reaccionemos, porque aquí lo único que se innova son los abalorios de los pasos de semana santa.

Josefo el Apóstata dijo...

Qué sí, que sí, estoy de acuerdo con ambos, es más la postura del pueblo islandés la reivindico como ejemplo de reveldía cívica.
Símplemente quería desidealizar...

Por cierto, los suicidios tienen que ver con la depresión y parece ser que esta tiene que ver con la intensidad y duración de la luz solar.

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